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El Graderío de la Catedral

Las mujeres del ‘Jarrillo de lata’

Si se ha estado hojeando la prensa morada últimamente, no será una novedad leer aquí que este año el Jarrillo de lata ha recaído en Antonio Silva Florencio, cofrade, artesano, trianero, y freno esta pobre descripción porque necesitaría muchos rasgos más para describirlo, y no es el tema.

 

 

Periodistas del mundillo se han deshecho en elogios para el premiado, y no es para menos. Es agradable, por no decir algo extraño, leer cosas buenas, unánimes, sin dobles sentidos o maledicencias ocultas, porque todos sabemos que eso pasa con demasiada frecuencia en casos como este; o tal vez no, no concretamente en casos como este, cuando el premiado es ante todo buena persona, salvando así que nadie pueda ponerle un pero a su galardón.  Pero entre tanta crónica y enhorabuena a servidora se le ha quedado el gesto torcido. Quien conoce a este caballero sabe que independientemente de su valía personal, su tesoro mayor es su familia, su jarrillo de oro. En muchas crónicas se alude a su hijo; fama obliga, y es frecuente que se nombre al director de Giralda TV al hablar de su padre, pero a mí me sabe a poco… No porque Antonio no merezca compartir en las crónicas la alegría de su padre, pero me entristece en cierto modo que se quedaran fuera esos dos grandes pilares de su familia más directa, su mujer y su hija.

Carmen, la niña de sus ojos, trabaja en el edificio más feo de Sevilla, aunque al menos ahora podrá contemplar mis amadas setas desde su ventana. Carmen está viviendo el embarazo más largo que jamás le vi a una mujer, pero con paciencia y buen ánimo acabará dándole al premiado una pequeña nieta asiática que confío llegar a ver revestida de raso morado si ella así lo quiere. A veces, cuando veo a Carmen con su madre, la mujer del premiado, me imagino así con la mía en un futuro, o deseo que el futuro en cuestión sea similar. Para definir a esta señora sólo quedaría una palabra, esa, señora. Alegre, enérgica, madre y abuela abnegada, con unas ideas que sorprenden en alguien de su edad y de la que deberían de aprender algunos de la mía.

Además está su yerno Miguel, su nieto Antonio, y más familia extensa que conozco menos; pero lo dicho, a mí me había dado un pellizco que las dos mujeres de su vida quedaran fuera. Sé que a ellas esto les importa poco o nada, no necesitan letras escritas ni reconocimientos, eso es para otra gente, pero a veces una no puede resistirse cuando ve que injustamente una pequeña parte de la historia es obviada.

Lo dicho, están todos muy felices en esa casa estos días, y no es para menos, en cierto modo imagino que todos tienen una pequeña parte de ese recipiente metálico ganada a pulso.

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Sobre el autor

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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