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El Graderío de la Catedral

El golpe de la carretera

Como diría aquella, la  cosita está muy mala, pero mala de verdad, y eso que esto no va a ser una columna pesimista analizando las tasas de paro, el petróleo a precio de Chanel nº 5 o el retraso y cancelación de ayudas y subvenciones, no, no, eso se lo dejo a la gente que sabe del tema.

 

 

Yo soy tan de letras que me cuesta cuadrar las cuentas de los bares y siempre hace la división del clásico “pagar a escote” cualquier otro amigo; por lo que soy la menos indicada para hacer un análisis económico de nuestra precaria situación, pero he escuchado en la radio una noticia que ha hecho que me decida a comentarla aquí, dejando a un lado “las Setas de la Encarnación”, que se postulaban para protagonizar este rinconcillo; llevándome además, a comenzar el texto con una frase coloquial que algún día contaré a qué se debe.

Y me estoy yendo por las ramas, perdiéndome en la conclusión final que me aventuré a sacar al escuchar la noticia de marras,    pero  es que me ha impactado el hecho de que en Cantabria hayan robado nada más y nada menos que cincuenta metros de carretera, así de claro como se lee.  No una carretera cualquiera, por lo visto era el acceso a una playa, asfaltado recientemente; puestos a robar carreteras, no vas a robar cualquier cosa llena de baches, mal parcheada con las líneas despintadas, claro que no, se roba una carretera casi a estrenar, cincuenta metros bien despachaditos de asfalto costeado por Revilla, alta calidad, que como dice mi madre, las cosas o se hacen bien, o no se hacen.  Ahora que lo pienso ¿qué habrá dicho Revilla al enterarse?  Habría pagado por estar ahí en el momento en  que informaran al insigne presidente de la sustracción de  un trozo nada despreciable de vía que da acceso a la playa de Mogro.

De hecho, servidora que pasó el comienzo del pasado septiembre con su familia recorriendo la comunidad cántabra, quedó asombrada en la mayoría de los casos de lo bien que estaban esas carreteras con carriles especiales para el paso de animales, señalización de los mismos para mayor seguridad, y unos raros dispositivos que acabaron siendo mecanismos para reducir las nieves del invierno. Ciertamente, muchas carreteras cántabras contrastaban con las de comunidades vecinas, de menor calidad… Claro, volvemos al lema de mi madre, las cosas se hacen bien…

La policía asegura que para llevar a cabo el robo, el cual se supone que se realizó de noche, se necesitó al menos una pala y un camión. Hasta aquí todo relativamente obvio a pesar del surrealismo de la historia, pero yo me pregunto ¿qué haces una vez que estás montado en tu camión con tu tramito de carretera cargado?  ¿dónde lo escondes o colocas?

Esta historia tiene intrigantes incógnitas para mí, puede que me robe algunas noches de sueño imaginar que ha pasado con el tramo de vía robado.  Tal vez, lo de robar cables de cobre sea cosa del pasado, de gente que piensa en pequeño, cablecillos de cobre… nada comparado con tramos de carretera, que tal vez se puedan vender a ayuntamientos en el mercado negro del asfalto, vaya juego de palabras…

Para no acabar escatológicamente con la frase que decía uno de “los compadres” en un corto de Mundo Ficción, la suavizaré en pos de la sensibilidad del lector  “¡Aquí cag… brillante y te roban la mierda!”. Realmente por el cursilismo de omitir la palabra entera no quedó más fino, pero ahí quedó…

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Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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