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Uno de los grupos de visitantes que ayer recordaron o conocieron de cerca la Isla de la Cartuja/Christopher Rivas
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Curro le saca los colores a Zoido

20 años se cumplen de la inauguración del más grande evento que la ciudad de Sevilla ha acogido en décadas sin que la máxima institución de la capital de Andalucía, su Ayuntamiento, se haya destacado por su labor para conmemorar la Expo’92.

Es la sociedad civil, tan débil tras años de pasotismo social quien, casi sin querer, le sacó ayer los colores al alcalde de la ciudad. Asociación Legado Expo lleva meses a pleno rendimiento organizando lo que las instituciones sevillanas debían haber hecho. No se sabe si por falta de fe en la conmemoración o por falta de inteligencia colectiva, el gobierno local no ha hecho más que un par de concesiones a la galería hasta la fecha.


«Cartuja tiene entidad y atractivos suficientes para aumentar la estancia turística de Sevilla»


Ayer fueron miles los sevillanos que mochila al hombro, y botella de agua en mano, se echaron a la Cartuja para revivir, aunque solo fuese por un día, el espíritu que inundó Sevilla hace ahora veinte años. El empeño, el trabajo y la buena fe de esta joven asociación sevillana, con la pequeña colaboración de lo que hoy ya se llama PCT Cartuja -otrora Cartuja 93- se vieron poco menos que desbordados ante la magnitud de la asistencia ciudadana a las visitas organizadas. Ampliaron cupos, y visitas pero la evidencia demostró el éxito y las ganas de la ciudadanía de seguir conociendo lo que, dos décadas después, sigue escondiendo la Isla de la Cartuja.

Legado Expo ya se ha comprometido a repetir las jornadas de visita por lo que fue el recinto del 92. Ahora toca que el Consistorio tome buena nota de lo que ayer pasó. Y no sólo los políticos, también los empresarios turísticos de Sevilla, incapaces –o al menos desinteresados hasta ahora- de explotar turísticamente lo que sigue siendo la Cartuja: el mayor Parque Tecnológico de Andalucía, con pabellones de indudable valor patrimonial y notable interés turístico. Falta una conciencia real de mano de todos los sectores de la Sevilla que hizo suya aquella Expo ’92 para trabajar en la explotación de todo ese patrimonio que gracias a una asociación sin subvenciones ni ánimo de lucro alguno, quedó visible a ojos de visitantes y sevillanos que se han sumado a la conmemoración.

Lo que hay en la Isla de la Cartuja, junto al remozamiento y potenciación de algún que otro pabellón y espacio público, unido a un impulso comercial y de ocio en las avenidas, tiene capacidad suficiente para aumentar la estancia turística en la ciudad. En poco tiempo contará con un rascacielos y galerías comerciales. Tiene un gran museo, el de la Navegación, abierto a exposiciones itinerantes, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, amplios espacios verdes, junto a la ribera del Guadalquivir, un parque temático, y ejemplos de arquitectura y esculturas contemporáneas de primer nivel. En unos años tendrá un museo del patrimonio del 92, que sin duda, será vital para hacer de la Isla de la Cartuja, lo que debería ser desde hace lustros. Un destino turístico de primer orden para Sevilla y del que ningún turista debería prescindir.

Sobre el autor

Christopher Rivas

Christopher Rivas

Licenciado en Periodismo y Máster en Sociedad, Administración y Política, puso en marcha el 'Proyecto Deguadaíra', germen de Sevilla Actualidad. Ha pasado por El Correo de Andalucía, Radio Sevilla-Cadena SER, o Canal Sur. Es miembro de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

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