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El balcón

Espejo o espejismo

Una niña, o un niño, suele tener deseos irrefrenables de imitar la conducta de sus padres. Por regla general, porque entiende que ellos son el espejo en el que debe fijarse para convertirse en una persona de provecho, con los mejores principios frente a los del resto, con solvencia, con valentía, y pocas veces, siendo niños, creemos que nuestros padres son débiles, que sufren, tiene crisis de identidad y, a veces, muchas más de las que creemos, están absolutamente perdidos. Aunque, también, por lo general, casi nunca somos conscientes de ello.

Cuando pasamos a la etapa de la juventud, los padres dejan de ser cada vez más referencia y suelen ser sustituidos por iconos de moda, agentes televisivos, líderes populares del círculo de amistad, políticos… Ahí, más que espejo de conducta, la imagen a proyectar se asemeja más al espejismo, porque va siempre acompañada de miedos, está contaminada por la hipocresía y, más grave, por los complejos personales. No obstante, esos espejismos en los que intentas basar tu desarrollo, también están llenos de esos complejos y de esos miedos, pero también lo es que cada vez eres menos capaz de detectarlos, y los sueles aceptar como un mal menor para ser un miembro fashion/moderno de tu cultura social.

Sigues creciendo, poco a poco, y la experiencia debería hacerte afianzar, desde una perspectiva personal y crítica, tus principios, tu base de comportamiento como ser humano, como ese miembro ‘imprescindible’ del conjunto, como pieza que eres del mismo. Pero ves lo difícil que es, y, además de lo difícil, ves como hay alternativas, y cada vez más te dejas llevar por ellas.

Descubres, a la vez que maduras, que existe una vida alternativa, una vida en la que puedes expresarte, casi sin complejos, asumiendo roles, en principio ajenos a tu función, como el de juez, periodista, médico o profesor. Lo haces, ya sea en tu nombre o en el de un avatar, consciente de que, casi siempre, en esa vida alternativa sueles ser más sincero que en la de carne y hueso, sosteniendo discursos que, probablemente, reprimirías en tu verdadera vida pública, en esa que los demás plantan sus ojos sobre tus movimientos y prestan sus oídos a tu discurso. Entonces, sólo entonces, deberías reconsiderar quién eres, si el espejismo de esa alternativa facilona o el espejo de la palabra que te permites, con sus límites cuando sales a la puerta de tu casa, vas a hacer la compra o acudes a tu puesto de trabajo.

Todas estas cuestiones, además de que me preocupan, ya que cada vez es más habitual que las vidas virtuales se materialicen, equivocadas o no, en nuestras decisiones secretas, esas que nadie sabe de nosotros, pero que sólo nos atrevemos a expresar en las virtualidad y en el secretismo, para, después, vendernos al correctismo social, es verdaderamente el espejo o el espejismo, porque de ser el espejo, creo que debemos plantear de manera muy seria si las herramientas en las que se hace verbo nuestro verdadero yo son herramientas o armas de destrucción masiva.

Sobre el autor

Diego López

Diego López

Licenciado en Periodismo, cursó el Ciclo de Grado Superior de Producción Audiovisual, para terminar su formación académica en la especialidad de Periodismo Institucional y Político. Aunque ha trabajado en medios de comunicación, su labor periodística la desarrolla, fundamentalmente, en gabinetes de prensa políticos.

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