Editorial

Huelgas de servicios públicos y sentir ciudadano

Por el sentir de la calle, comercios y redes sociales es difícil poner en duda el poco apoyo, e incluso rechazo, que ha tenido la huelga de Lipasam por buena parte de los sevillanos y sevillanas. No ha sido una huelga al uso cuyos efectos llegan al ciudadano solo por los medios de comunicación, sino que afecta directamente al día a día de las personas y muy especialmente de los comercios, turismo e imagen de la ciudad.

La famosa bolsa de absentismo,  unas condiciones laborales superiores a otros sectores para los que sí es necesaria adquirir una formación y preparación previa, el  esparcimiento de papeles y basuras por la Plaza Nueva y sus inmediaciones en los primeros días de protestas… Motivos, suficientes o no, acertados o no, pero por los que la calle empezaba a opinar negativamente de este grupo de trabajadores municipales.

Hemos visto cómo los recortes han afectado también a sectores públicos como el de la sanidad o la educación, con reducciones salariales mucho más importantes que el 5% de Lipasam. No por ello el sector sanitario ha dejado de atender pacientes, ni ha boicoteado servicios mínimos ni mucho menos ha agravado la salud de sus pacientes. Con sus protestas, realizadas de forma responsable, ha conseguido tener un importante apoyo ciudadano traducido en la “marea verde” en defensa de una educación pública –y de calidad- y con “Sanidad Pública”, a cuyo carro han conseguido subir no solo a los propios profesionales, sino a usuarios de estos servicios.

Esta falta de proporcionalidad en la huelga de Lipasam en comparación con la de los servicios públicos anteriormente expuestos,  ha provocado un rechazo ciudadano e incluso una corriente que no vería mal su privatización.  ¿Cuántos ciudadano saldrían a apoyar a los profesionales sanitarios o de la educación contra una hipotética privatización de estos servicios? ¿Cuántos lo harían para evitar que Lipasam dejase de ser pública?

En una huelga  de un servicio que es pagado por los ciudadanos con sus impuestos, hay que medir el impacto sobre la opinión pública, porque puede que un día, cuando necesites ese apoyo, se te vuelva en contra.

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Sobre el autor

Ángel Vilches

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