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Corredor Verde del Guadiamar: del desastre a la esperanza

Se nos encogió el corazón, cuando aquel fatídico 25 de abril de 1998 se produjo la mayor catástrofe medioambiental de Andalucía. La rotura del depósito de residuos piríticos de las minas de cobre, plomo y zinc de Aznalcóllar, propiedad de la empresa sueca Boliden, provocó la salida incontrolada al río Guadiamar de 6 millones de metros cúbicos de lodos, entrando en las mismas puertas del Parque Nacional de Doñana. Un total de 4.634 hectáreas repartidas por nueve municipios de la provincia de Sevilla se vieron afectadas por el desastre, el equivalente a la capacidad de 50 piscinas olímpicas. Quedaba por delante una ardua tarea de limpieza y de recogida de lodos tóxicos, que supuso el desembolso de unos 500 millones de euros –según Ecologistas en Acción– de las arcas del Gobierno central y de la Junta de Andalucía, y un futuro incierto para la economía de la comarca.

Casi 20 años después, la zona, reconvertida en un Corredor Verde, es una referencia a nivel mundial en la recuperación de suelos contaminados, forestación y restablecimiento de plantas y animales. Se abre una nueva etapa, y con ella, empiezan a florecer iniciativas y proyectos alternativos con el objetivo de acercar a la población este extraordinario legado natural, y concienciar y sensibilizar sobre la importancia de respetar y conservar el medioambiente. Es lo que se conoce como turismo sostenible.

La empresa Guadiamar Educa, ubicada en el municipio de Aznalcázar, lleva una década apostando por esta original forma de hacer turismo que ofrece, sobre todo a los más pequeños y a los amantes de la naturaleza y el deporte, un extenso programa de actividades de acercamiento al medio rural, poniendo en valor los recursos y el patrimonio del entorno. Campamentos multiaventura, escalada, rapel, slackline, senderismo, piragüismo e incluso un Kayak in love para hombres y mujeres que buscan el amor, son algunas de las disciplinas que se pueden realizar entre el Corredor Verde y la Marisma de Doñana, con el Príncipe de los Ríos –vocablo árabe que da nombre al actual Guadiamar– como testigo.

Pero no solo se desarrollan actividades para los más aventureros. Las rutas rocieras, con carrozas y ritual de bautismo en el río incluidos, son la atracción estrella para mayores y jubilados. También se pueden realizar visitas a los arrozales y al cultivo del cangrejo rojo de Isla Mayor, y descubrir los escenarios que inspiraron al director de cine Alberto Rodríguez para filmar La Isla Mínima. “Ya contábamos con el patrimonio natural. Estaba ahí. Solo hacía falta desarrollar una idea para aprovechar el entorno e irse renovando poco a poco. Por suerte salió nuestro proyecto”, afirma Carmen Suárez, una de las cabezas visibles de Guadiamar Educa, junto con su compañera Inmaculada Márquez.

Ambas son las valedoras de una empresa que no solo es ejemplo por la tarea de la que se ocupa, sino por la organización y funcionamiento de la misma. La mayoría de la plantilla de trabajadores, de las cuales hay dos monitoras que dominan el lenguaje de signos, un coach emocional y un monitor especializado en autismo, está formada por mujeres. Además, la entidad realiza una colaboración con la Asociación de Mujeres de Aznalcázar (ASOMA). “Ninguna de las dos somos de aquí, pero nos sentimos identificadas con la zona y con el espacio natural. Intentamos concienciar a los jóvenes de que las cosas se pueden hacer de una manera diferente a como hasta ahora”, apunta Inma, técnico en medioambiente.

Una iniciativa plausible, que combina la actividad física con la naturaleza. Un proyecto capitaneado por dos jóvenes andaluzas con ideas renovadas, y sensibilizadas con el entorno verde de la comarca, que conecta con el mayor patrimonio natural de Andalucía: el denominado pulmón de Europa. Lo hacen solas ante la adversidad y a contracorriente del modelo de negocio instalado en la sociedad actual, aquel que busca el máximo beneficio en el menor tiempo posible. Han pasado casi dos décadas del desastre, y con Doñana casi recuperada, la población tiene una segunda oportunidad para aprender de los errores y corregir aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Sobre el autor

Pablo Núñez

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