Imagen publicada por Fademur con motivo del pasado Día Internacional de la Mujer
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Mujer emprendedora en el campo: entre el espejismo de la igualdad y las deficiencias de la titularidad compartida

En el inicio de esta década, más del 42% de las nuevas empresas creadas en el entorno rural de Andalucía fueron constituidas en su totalidad por mujeres, según datos del último informe “Estudio sobre la mujer emprendedora en el ámbito rural”, de la Fundación Andalucía Emprende. Para la Federación Andaluza de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur), la mujer sigue teniendo dificultades para ser contratada en el sector agrícola, es discriminada en labores mecanizadas y continúa estando en un segundo plano en la titularidad de las explotaciones agrícolas, en beneficio del varón.

Feria de Artesanas Emprendedoras, organizada por Fademur

El campo ha avanzado en cuanto a terreno para desarrollar nuevos negocios y formular actividades empresariales más innovadoras. Si bien es cierto que la crisis, en cualquier zona o territorio, ha encendido la chispa para ser más creativos y buscar más rentabilidad, el ámbito rural ha adquirido cierto toque femenino con el emprendimiento, pero también ha sido una vuelta al origen porque la tierra nunca falla como fuente de riqueza.

Desde el año 2011, en las zonas rurales de la comunidad andaluza 4.315 empresas han sido impulsadas por mujeres, a través de los Centros Andaluces de Emprendimiento (CADE) y han propiciado la creación de 4.846 empleos directos. Contextualizando, en Andalucía el 90% de la superficie es rural, donde viven más de cuatro millones de personas de las que el 50% son mujeres, según información de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía.

La economía no da para pagar dos sellos agrícolas

Bajo este marco, “la Ley de Titularidad Compartida nació con algunas lagunas difíciles de poner en marcha. Costó que se abriese el Registro de Solicitud de cotitulares y la economía no da para pagar dos sellos agrícolas y los seguros sociales en una misma familia”, afirma con rotundidad la representante de Fademur, Inés Casado, que vela por los temas de igualdad en esta federación.

Acto de Fademur, con la presencia de su representante Inés Casado (de azul, en el centro)

Explica Casado que la Ley de Titularidad Compartida en las Explotaciones Agrarias, de 2011, presenta deficiencias de desarrollo y ejecución, por ejemplo, en cuanto al Registro de Explotaciones Agrarias y Forestales (Reafa). Seis años después, la Junta de Andalucía ha anunciado que “está ultimando el decreto” de este Registro. La ejecutiva de Fademur describe que muchas mujeres ya “eran antes titulares, aunque la plantación la regentaba el marido y la mujer salía también al campo. Pero dada la producción y los precios que tenían las cosechas, no se plantean en las familias dos seguros.” La normativa determina dos registros por una misma explotación, con la mitad de la extensión para cada uno de los dos titulares, pero los impuestos se duplican. “Si eres no autónomo, son casi los 100 euros al mes y si eres autónomo, son 150€. Así estamos, como ha sido toda la vida: el hombre tiene su jubilación y pensión y la mujer no, como antes”, revela Inés Casado reclamando mejoras.

En enero de este año, el Consejo de Gobierno andaluz aprobó el I Plan de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres en la Actividad Agroalimentaria y Pesquera. En julio se ha planteado, durante la Comisión de Evaluación y Seguimiento de este marco, la creación de una mesa de interlocución para revisar esta ley.

“Yo soy la jefa, pero hablan con mi marido”

En el pueblo más pequeño de Sevilla, El Madroño, desarrolla su actividad como emprendedora Reyes Martín Rubiano, propietaria de La Alameña, empresa de recogida, envasado y venta de miel. Comienza en 2003 recogiendo y comercializando miel de naranjo, de azahar y milflores de sierra, polen y meloja.

Reyes Martín Rubiano, empresaria y responsable de La Alameña

“Están saliendo más mujeres en contramarea luchando, porque queremos, pero nuestra ayuda es mínima, nos ponen muchas pegas y más escalones que a nadie”, dice con determinación Reyes. Ella es cotitular, junto a su marido, de la empresa y a día de hoy se siguen dirigiendo a ella con mensajes como “¡Ah, pero tú eres la mujer! ¿Tú eres la que llevas la empresa?”, cuestionando con cierta ironía su capacidad frente al negocio familiar. Nos relata que la mayoría de personas hablan con su marido, antes que con ella: “Yo soy la jefa y hablan con mi marido”, se reafirma.

Para ella va a seguir siendo como ha sido hasta ahora. “La mujer trabaja y no recibe”, manifiesta la responsable de La Alameña. “Me llevé varios años detrás de una subvención por ser apicultora joven, me pusieron trabas absurdas. Ya tengo la cuarentena y no soy joven. Ya no tengo derecho a esa subvención”, proclama.

El campo es un sector masculinizado

Para Fademur, el campo todavía es un sector en el que cuesta entrar con mano de obra femenina; un sector masculinizado. La responsable de la federación considera que “sí tenemos mujeres en las almazaras, sí hay propietarias de sus explotaciones agrícolas, pero no avanzan con la misma rapidez que en otros sectores”. Ha habido un progreso porque por convenio el jornal se ha equiparado entre hombres y mujeres, pero el empresario prefiere contratar mano de obra masculina, ya sea en la recogida de la aceituna o en la fresa. La campaña se va mecanizando más y “parece que los hombres traen un carné de maquinaria debajo del brazo. Ahí está nuestra lucha”.

Volviendo al informe de Andalucía Emprende, casi la totalidad (96,71%) de los emprendimientos desde 2011 en el entorno rural los ha propiciado una mujer empresaria de manera individual. Estas 4.173 autónomas son punta de lanza de negocios en el campo, en una economía como la andaluza, en la que la actividad agraria es un sector estratégico y de vital importancia. Supone el 8% del Producto Interior Bruto (PIB), el 10% del empleo de la comunidad y más de la tercera parte del total de sus exportaciones.

El criterio de la frontera entre población rural y urbana no está claro. Por debajo de los 20.000 habitantes, pero otras opiniones señalan que deben ser municipios inferiores a los 10.000 o de menos de 2.500 censados, pero siempre será municipio rural cuando su actividad esté basada en el sector primario, en cambio el urbano es cuando el negocio se enfoque en los sectores secundarios y terciarios.

Teniendo en cuenta estas diferencias de criterio, en Andalucía se podría hablar de una franja cercana a las 350.000 mujeres residentes en municipios rurales. Según el Estudio sobre la mujer emprendedora en el ámbito rural, el 45,36% de las mujeres emprendedoras rurales poseen un nivel formativo de Graduado Escolar/ESO (2.024 mujeres); el 20,60% de ellas (919 mujeres) tienen titulación universitaria; el 18.24% (814 mujeres) poseen estudios de Formación Profesional y solamente el 6,84% de ellas (305 mujeres) no tienen estudios de ningún tipo.

Andalucía cuenta con una población de más de ocho millones de personas. Por densidad de población, sólo 29 municipios andaluces de los 778 totales superan los 50.000 habitantes, por lo que más de 600 poblaciones tienen menos de 10.000 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

Nichos de mercado de carácter emergente y alto potencial

Acercándonos al entorno urbano, pero aún en espacio eminentemente rural, destacan modelos de negocio muy enraizados con la fauna y la flora. Con formación universitaria, Cristina Fernández Díaz es una de las responsables del espacio rural Terapias La Herradura, centro de actividades ecuestres cercano a Dos Hermanas (Sevilla). Junto con sus otras tres socias, psicólogas y pedagogas, llevan diez años como emprendedoras con este enfoque tan singular como son las actividades con caballos, labores medioambientales, habiendo encontrado su nicho de mercado en la terapia ecuestre porque la relación con la tierra es muy importante.

Las cuatro socias fundadoras de la empresa Terapias La Herradura

El informe mencionado señala las áreas o subsectores de actividad que por su carácter “emergente” presentan un alto potencial para albergar iniciativas de emprendimiento, como las actividades de sensibilización en el medio ambiente, mejora de la calidad de las personas dependientes, etc.

Ellas están entre los treinta y tantos años hasta más allá de los cuarenta, se gestaron a partir de un proyecto con la ayuda de la Fundación Andalucía Emprende y del Fondo Social Europeo. Se dirigen principalmente a población de las comarcas cercanas (Alcor, Aljarafe, etc.) y a personas con cierto grado de discapacidad. “Sí he percibido en estos diez años más visibilidad de la mujer en el ámbito rural. Mujeres no tan jóvenes que montan un negocio en el campo como salida laboral”, afirma Cristina.

Empoderarse haciendo redes y desde la innovación

Hablando sobre innovación, dice la responsable de Terapias La Herradura: “Creo que es vital para dar posibilidades al medio rural el hecho de que, para salir adelante, se aprovechen todas las innovaciones tecnológicas que están a nuestro alcance”. Hacer red es determinante para empoderarse. Ellas, de hecho, pertenecen a la Red de Mujeres Rurales y Urbanas y considera Fernández que se tiene más en cuenta la figura de la mujer rural con políticas de impulso y formando parte de redes y asociaciones. Las percepciones son distintas y las experiencias diversas en el entorno rural para las empresas gestionadas por mujeres.

Sobre el autor

Mónica Niño Romero

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