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Orgullo Crítico
Imagen de la manifestación del Orgullo Crítico en el año 2015
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Orgullo y prejuicio

Sevilla, 24 de junio. Son las dos de la madrugada y como cada sábado decenas de personas abarrotan la parada de metro de Puerta de Jerez. Sin embargo, esta noche a diferencia de otras, los habituales grupos de adolescentes ruidosos y risueños parecen diferentes: portan banderas multicolores, su piel desprende purpurina y las ropas y el maquillaje no entienden de géneros. Ríen, comentan y sus rostros cansados transmiten orgullo. Probablemente no todos ellos conocen el origen de esta conmemoración, los disturbios de Stonewall de 1969, pero no importa.

Son jóvenes, muy jóvenes. Ese es uno de los elementos que llama la atención de las últimas celebraciones del Día del Orgullo LGTBI en Sevilla, al igual que empieza a ocurrir con las acciones convocadas por el movimiento feminista. Adolescentes que lejos del estereotipo toman conciencia y se comprometen con las luchas que les representan.  Jóvenes lesbianas orgullosas de su orientación sexual, adolescentes trans a quienes no van a callar, niños gays que no quieren entrar en ningún armario.

Orgullo crítico

Sin embargo, ¿es todo tan fácil para el colectivo como parece en las manifestaciones festivas del orgullo? ¿Se parece su vida cotidiana a lo que nos presentan sus festejos?

Según los datos del Cuarto Informe sobre Incidentes relacionados con los Delitos de Odio en España, en 2016, la discriminación por motivos de orientación sexual se ha incrementado en un 36’1%. Unos días antes de los grandes fastos del World Pride en Madrid, tres neonazis fueron detenidos por una agresión a una pareja gay en el barrio de Chueca.

En los municipios pequeños la situación en ocasiones es hasta más fácil. «No se encuentra una relación clara entre el tamaño de la población y la LGTBIfobia explícita o soterrada», señala Pablo Morterero, presidente de la Asociación Adriano Antinoo. «Si bien la vivencia inicial de la homosexualidad, la bisexualidad o la transexualidad en zonas rurales puede ser más compleja, una vez manifestada suele ser positiva».

En cualquier caso, lejos quedan sucesos como los de Stonewall y leyes como la de Peligrosidad Social, promulgada en 1970 a instancias de Carrero Blanco y que incluyó la homosexualidad como delito hasta 1978, propiciando las primeras manifestaciones reivindicativas del colectivo en España en 1977. La libertad alcanzada en cuarenta años es innegable, sin embargo, la lucha debe continuar sin olvidar a esos y esas luchadoras que se partieron la cara durante el franquismo para alcanzarla.

Una queja habitual de los sectores más críticos: «No me gustan las exaltaciones de identidades individuales, desconectadas de la solidaridad y que, por si fuera poco, han anulado del paisaje a los viejos y viejas que dieron la cara cuando ser marica, bollera, bisexual o transexual aquí significaba ser expulsado de casa, recibir palos de la policía o pasar la noche con los huesos en comisaría», afirma el periodista Raúl Solís.

Las críticas a la falta de reivindicación de los eventos oficiales se hacen evidentes en el Manifiesto del Orgullo Crítico de este año, donde aparecen declaraciones como esta: «Mientras en World Pride cantan Viva la Vida y A quién le importa, nuestrxs compañerxs trans siguen siendo patologizadxs por una ley que lxs obliga a asumir un diagnóstico de disforia de género y a hormonarse para poder cambiar legalmente su identidad y que discrimina a menores y migrantes».

Municipios orgullosos de Sevilla

Mientras tanto, en Sevilla, con la intención de que los actos del 28 de junio propiciaran un compromiso político de los ayuntamientos y que trascendiera las fronteras de la capital, la asociación LGTBI Adriano Antinoo promovió la creación de la Red de Municipios Orgullosos de la provincia, existente desde 2013 y que agrupa a más de treinta localidades de Sevilla, cinco de Huelva y una de Málaga.

«Desde 2013 a ahora la Red ha evolucionado», indica Pablo Morterero. «Actualmente la adhesión a la Red se concreta en un convenio entre el ayuntamiento y la asociación, donde se recogen los compromisos de la corporación local para el desarrollo de acciones positivas de las personas LGTBI de la localidad». Acciones que incluyen, entre otras, la formación de los y las trabajadoras públicas dependientes del Ayuntamiento en materia LGTBI o la programación de acciones positivas para la atención de personas homosexuales, bisexuales, transexuales e intergénero.

Ante el riesgo de que una iniciativa como esta pueda ser utilizada de manera partidista por algunos consistorios, Morterero señala que «los partidos políticos aspiran a que sus acciones se traduzcan en votos y para ello intentan vender como propios los éxitos de una iniciativa así. Pero después de constatar esta realidad, para Adriano Antinoo lo importante es el efecto arrastre que supone que un partido político asuma nuestras reivindicaciones, ya que obliga al resto a posicionarse y a la postre termina anulándose el riesgo de partidismo de la iniciativa».

Turismo LGTBI

Esa sensación de absorción y, por lo tanto, de anulación de su sentido de lucha originario, es lo que subyace también en las críticas, en muchos casos feroces, a lo que se conoce como turismo gay. ¿Existe realmente un turismo gay?  «Existe un turismo gay y lésbico, que no LGTBI. Pero encontramos contradictorio los discursos sobre el mismo», afirma Morterero. «No es cierto que las personas gays y lesbianas tengan mayores ingresos per se, ni que teniéndolos puedan destinarlos al ocio».

Morterero señala que «lo que sí es cierto es que, si comparas la política de gastos de las personas heterosexuales y homosexuales visibles de clase media alta, sí existe una mayor disponibilidad económica de los segundos, que va destinada a artículos de lujo, viajes, etc.  Pero extrapolar esta realidad al conjunto de las personas LGTBI es un error». De hecho, añade, «las personas LGTBI de ingresos bajos y/o con cargas familiares no interesan como consumidoras».

Se entiende que los destinos considerados gays suelen ser «aquellos donde por razones históricas o coyunturales se consolidó una oferta de alojamiento y ocio orientada hacia la población homosexual masculina, y posteriormente femenina. Pero nacieron, por lo menos en España, de una forma no programada por las instituciones públicas, como son los casos de Ibiza, Torremolinos e incluso Madrid, en torno al Orgullo».

Luces y sombras de un proceso de lucha al que, sin duda, se ha intentado descafeinar por parte del poder. Hay unos logros innegables que merecen celebración y la fiesta puede ser tan revolucionaria como otras acciones políticas. Sin embargo, no cabe duda de que el mensaje gayfriendly se centra sobre todo en el consumo de un sector social de elevado poder adquisitivo, ignorando al resto del colectivo y sus reivindicaciones presentes y pasadas.

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Sevilla Actualidad

Mar Pino

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