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Cisne Negro; Nudo en la Garganta (****)

Crítica. Es complicado hablar de Cisne Negro sin mencionar que es una de las películas con el sello más cualitativo que se han estrenado en mucho tiempo. Su director, el siempre indeterminado y atrevido Darren Aronofsky, nos regala una película única en su género, el cual tampoco podemos identificar sin caer en el ambigüo término de «drama».

La trama no puede ser más simple. Pero, a la vez, es de lo más complejo que se ha realizado en estos últimos meses. Una pseudo surrealista historia acerca de una bailarina apasionadamente enamorada de su profesión que sufre una desgarradora transformación en su cuerpo y su mente cuando debe enfrentarse a una rival por conseguir el puesto de bailarina principal en la representación de El Lago de los Cisnes, donde la misma intérprete debe saber transformarse en el cisne blanco y en su contrario psicológico, el cisne negro.

En Black Swan nada es lo que parece gracias, en su mayor parte, a la sublime interpretación de sus dos protagonistas: una Natalie Portman pletórica y una Mila Kunis realmente absorbente. En Cisne Negro el espectador no identifica que es lo que realmente está sucediendo y qué hay de falsedad en la trama que Aronofsky nos narra. Es de agradecer que actrices como Portman den un giro en su carrera y se arriesguen a interpretar papeles que las encumbran a lo más alto. Si en críticas anteriores rogué el Oscar para Colin Firth no voy a ser menos para la actriz israelí, la cual traza una interpretación que roza la perfección dramática. Y este tipo de cosas se merecen un buen premio. Los Globos de Oro ya los tienen y eso es señal de que no voy demasiado desencaminado.

Mención aparte merece la apabullante, como siempre, dirección de Darren Aronofsky (Pi, Réquiem por un Sueño, El Luchador). Su decisión de colgarse la cámara al hombro durante la mayor parte de la película hace que el realismo que adopta a lo largo de la película se haga aún más verosímil. Nos sentimos parte de la trama. Cuando el personaje de Portman se pelea o ríe con su madre (una gran Barbara Hersey), el espectador está ahí. Lo mismo ocurre en las secuencias de los ensayos, donde asistimos a cada movimiento como si estuvieran danzando alrededor nuestro.

Con un guión simple pero que aboga a los sentimientos más oscuros del ser humano, Cisne Negro es una de las mejores películas de esta temporada. Interpretaciones secundarias de altura, bien sea las de la joven Mila Kunis o la del francés Vincent Cassel, el cual teje uno de los personajes más grandiosos y enigmáticos de la película. Y todo eso ni no hablamos de la pequeña resurrección de Winona Ryder, en un papel muy alejado de los clichés a los que nos ha acostumbrado a lo largo de su carrera.

Si he de hablar de la banda sonora, he de hablar de la maravillosa pieza que suena a lo largo de toda la cinta: El Lago de los Cisnes de Piotr Tchaikovsky y que sirve como telón de fondo entre la primera parte de la película, posiblemente identificada con ese cisne negro bondadoso y humano y la segunda parte del metraje, donde Natalie Portman muestra sus armas como actriz dejando boquiabierto a más de uno. Acreditado como compositor aparece Clint Mansell, el cual adapta la obra como si un fantástico director de orquesta se tratara. Además, sus escasas composiciones para piano, las cuales aparecen a lo largo del metraje, son piezas de una calidad envidiable.

Sin embargo, aunque pueda parecer que hay partes sobrantes, en Cisne Negro todo tiene relación. Perderse una secuencia es no tener una referencia clara a la hora de seguir este camino hacia una transfiguración anunciada que sufrirá, inevitablemente, nuestra protagonista. Cada palabra de Portman, cada frase de Cassel y cada gesto de cada uno de los intérpretes es la llave maestra de las escenas posteriores.

Cisne Negro es excesivamente paranoica. Es por eso que la calificación no llega al máximo absoluto. Pero es que a Aronofsky le gusta hacernos caer en sus redes. Le gusta que pensemos como él para poder entender sus películas. Lo hizo con Pi, lo repitió con más éxito si cabe en Réquiem por un Sueño, defraudó en La Fuente de la Vida, nos contó una buena historia de autosuperación en El Luchador y ahora, vuelve por sus fueros con Cisne Negro.

Aquel espectador que decida sumergirse en esta historia, deberá saber que tendrá que liberarse de cualquier prejuicio o cliché y dejarse llevar. No hacer preguntas y abrir los ojos ante una de las obras cumbre de esta temporada de cine. Tendrá que pasar de ser un cisne blanco a convertirse en el más malvado cisne negro. Sólo así logrará empatizar con esta maravillosa película.

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