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Megamind, los villanos ya no son lo que eran… (***)

Crítica. La apuesta de Dreamworks para la temporada navideña nos narra una curiosa historia de superhéroes y villanos que muestra la necesidad de ambos para subsistir.

Jesús Benabat. Los villanos están de moda. Esa parece ser la noción básica que extraemos de las últimas apuestas del cine de animación hollywoodiense. Si hace algunos meses la nueva división de Universal para estos suculentos menesteres infantiles sorprendiera y encandilara a partes iguales con su Gru, mi villano favorito (aún cosechando beneficios en taquilla), ahora contraataca la factoría Dreamworks con una nueva revisitación al mundo de los superhéroes aunque con un énfasis especial en la figura del malvado de la película, en esta ocasión un alienígena con un gigantesco cerebro azul que  muchos compararán con los fantásticos marcianos de Burton en Mars Attack!. Es una lástima que la precipitación de los productores al programar el film en las mismas fechas que otros estrenos de enjundia como Harry Potter o Las Crónicas de Narnia, pueda restar espectadores potenciales a esta curiosa y divertida Megamind, a pesar de que sus resultados en Estados Unidos han sido notables.

Megamind narra la historia de dos extraterrestres enviados a la Tierra cuando aún son bebés y que configurarán sus personalidades a raíz del entorno en el que, por casualidad, se crían; mientras Metro Man lo hace en una mansión millonaria colmado de atenciones donde desarrollar sus alucinantes superpoderes, Megamind deberá conformarse con su vida en una prisión en la que se contagiará del mal latente de su alrededor. Así, cuando sendos extraños seres sean adultos, la rivalidad entre ambos se escenificará en la  tradicional lucha entre el Bien y el Mal, que significará el hipotético final del primero y sumergirá al segundo en una soledad desquiciante y carente de motivaciones. Megamind, asi pues, deberá buscar el antagonismo de un nuevo superhéroe, aunque sea él mismo quien lo cree.

La película arranca con una ingeniosa estructura elíptica, con el personaje central cayendo al vacío y reflexionando acerca de su naturaleza de villano, momento que volverá a repetirse hacia el final de la cinta cerrando el círculo iniciado al comienzo. A partir de ahí, la acción se desboca con un ritmo demasiado agitado, convulso y caótico, que deja sin respiración al espectador (más aún al que pagó por verla en 3D) hasta que da por finalizado el primer acto y la película adquiere otro rumbo, más interesante y sugerente. Este es, sin duda, la unión inseparable entre villano-héroe de la que ya reflexionó Shyamalan en El Protegido y que aquí sirve como punto de partida para el maquiavélico plan de Megamind. Pero, como siempre, el amor es un escollo que salvar (o disfrutar) en toda historia, y la del alienígena azul no iba a ser menos. La comprometida reportera televisiva conquistará a Megamind y le hará replantearse su comportamiento, más si cabe cuando su creación, el nuevo superhéroe de Metrocity, se desvíe de su camino de bondad y lealtad y comience a aterrorizar a la ciudad.

Es imposible no comparar esta nueva apuesta de Dreamworks con Los Increíbles de Píxar o la última apuesta de animación Gru, mi villano favorito. No obstante, Megamind, sin llegar al calado moral de la primera o a la ternura de la segunda, cobra fuerza por una vía intermedia que no es más que el espectáculo bien confeccionado, un entretenimiento digerible para adultos (son numeros los guiños a estos, como ese Marlon Brando interespacial) y una diversión llena de color, ruido y acción para los más pequeños; todo ello apoyado por el carisma evidente de su protagonista (es una lástima que perdamos aquí la voz de Will Ferrel), quien vertebra toda la trama hasta un final trepidante, ameno y ocurrente que pondrá a todos en su sitio.

Así pues, Dreamworks acierta en su particular apuesta por la temporada navideña con cine de animación fresco y entretenido acompañado, por si fuera poco, por una demoledora banda sonora rockera que incluye temas de AC/DC o Guns and Roses; y un depurado sentido del espectáculo visual, algo apabullante aunque no por ello menos sugerente, que inclduye a sencundarios de lujo como ese pececillo fortachón o el implacable MetroMan. En definitiva, película recomendable para los más pequeños y los adultos que tienen que acompañarlos en estas entrañables fechas que se acercan. Megamind cumple y eso se agradece. Aunque los villanos ya no son lo que eran…

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Jesús Benabat

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