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¡Y no lo vieron!

Qué gesto más bello. Lástima que la señora se perdiera por sólo unos segundos de distracción el maravilloso espectáculo que su pupilo le acababa de ofrecer. Yo iba para la Universidad, pero la clase me la dieron antes de tiempo. No levanta más de un metro del suelo en el autobús que le ha visto subir con un babi blanco y su pajarita cuidadosamente ajustada. Peinado de raya al lado y sonrisa de oreja a oreja.

CRÓNICA | Juan C. Romero. Viene resuelto con su mochila al hombro, no tiene preguntas para hacerse hoy. Lo dice todo sin hablar: es muy probable que no se haya percatado aún. Lo sabemos los demás, pero él lo ignora, tampoco necesita saberlo. En su momento yo lo hice igual, y fue con el paso de los años que empecé a estar más preocupado por llegar a una meta que por disfrutar cada segundo del camino que te guía por ella. Obviamente salí perdiendo; al localizar el error tuve que dar marcha atrás.

Para su mamá no hay otro igual, seguro es el rey de la casa. Para mí es un profesor, acabo de verlo dando una soberana lección de humanidad a todo un autobús. Ya podríamos tomar nota, algo nos queda por reaprender. Acaban de separar sus manos, se han alejado y, sin embargo, él no la ha perdido de vista mientras el chófer, presionando el freno, se lo ha permitido. Ando sensible estos días, y cualquier cosa me sorprende. Pero esto no es cualquier cosa, es una manifestación de amor tan transparente que ha logrado conmoverme.

No sé si a nuestro alrededor alguien más supo ver el brillo de unos ojos vibrantes, y mejor aun, si sacó unos minutos para valorar la escena en toda su plenitud. Es de las pocas cosas que podemos ver sin pasar por caja. Para su pesar, seguro hubo quien llegó a casa esa tarde sin experimentar la misma sensación que madre e hijo despertaron en mí. Tal vez la dureza de las imágenes con las que nos bombardean a diario los medios, el ritmo frenético en el que nos desenvolvemos o el complejo barullo que atropella a esta sociedad, ha logrado inmunizarnos de las pequeñas cosas. Tanto deseamos conocer que terminamos confusos olvidando lo básico, ignorantes, nos distraemos en lo accesorio.

En la escuela le enseñarán matemáticas, se equivocará en muchas ocasiones, tratará de desandar lo andado. Y algún día entenderá por qué menos por menos es más. Es un alumno aventajado, desde bien temprano lo pone en práctica regalando momentos de ternura contraindicados para personas de lágrima fácil. Pequeño el niño, pequeño el gesto… y grande el significado. Da un beso fuerte a su manita y lo lanza con fuerza acompañándolo de un silbante soplo, directo a los mofletes de su mamá, a la que despide a través de una ventana.

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Juan Carlos Romero

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