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Los Seductores; la entretenida versión francesa de la comedia romántica made in USA (***)

Crítica. La película interpretada por Romain Duris y Vanessa Paradis se ha erigido como el taquillazo del año en el país vecino con una efectiva mezcla de romance y ritmo tenso propio de películas de acción.

Jesús Benabat. Afortunadamente, el cine francés guarda tan celosamente sus señas de identidad heredadas de aquellos años 60 de éxito y fascinación internacional como su pueblo reivindica los sentimientos y símbolos que los configura como nación. El chovinismo penitente de los franceses es un hecho incontestable que parece extenderse a otros terrenos artísticos;el cine es tan sólo un ejemplo.

De hecho, no podría entenderse las mayoritarias cuotas de mercado del cine patrio en sus carteleras como contrapunto a la globalización hollywoodiense de las salas de medio mundo (y España no es una excepción), sin una evidente y consciente defensa de Cultura por parte de cada uno de sus ciudadanos.

Ante tal panorama, sorprende que la película más taquillera del año en el país galo, con más de 4 millones de espectadores, haya sido una comedia romántica aparentemente acorde con los gustos estadounidenses. Los Seductores (L’arnacoeur) no elude la tradicional estructura rígida y previsible del género acuñado por Hollywood, sin embargo la desarrolla con una frescura y ciertas dosis de ingenio que difícilmente podría hallarse entre tanto producto romántico serializado proveniente de América.

Para ello, su responsable, el debutante Pascal Chaumeil, se rodea de dos intérpretes cuya carisma completa cualquier laguna en el guión; Romain Duris, probablemente uno de los actores más en boga de su país (Las muñecas rusas, Moliere, Arsene Lupin) y Vanessa Paradis, la esposa del mediático Johnny Depp y actriz ocasional vista en algunas cintas de Patrice Leconte (La chica del puente).

Ambos intérpretes se las ingenian para construir unos personajes tan antitéticos como francamente atractivos; por un lado, el galán estafador irresistible y en el fondo sincero, por otro, la clásica mujer altiva inalcanzable e indiferente hacia todo lo que le rodea. Juntos, proveen a Los Seductores de una chispa milagrosa producto de su química en pantalla.

Pero antes de llegar al falso romance y el final largamente esperado, la película de Chaumeil nos pone en situación y nos descubre la poca ortodoxa profesión que hace de Duris un tipo del que desconfiar. Este, junto a su hermana y su cuñado, forman un equipo de expertos en romper relaciones amorosas a demanda, aunque existan algunas reglas que normalicen su actividad y eviten excesos pocos justos con el amor.

Desde el propio inicio asistimos a una clase magistral de cómo arruinar una romántica luna de miel en Marruecos con tan sólo una vaga apariencia de médico comprometido y amante de los niños; la escenografía corre a cuenta del resto del equipo. Una forma de ganarse la vida cuanto menos particular pero con grandes oportunidades de enriquecerse a tenor de los buenos resultados cosechados. Lo único que debe hacer es descubrir a las mujeres infelices que no lo admiten la razón de su inconformismo.

Sin embargo, una piedra dura de roer se interpone ante Álex (Duris) y sus compinches cuando un padre preocupado por su consentida hija le demanda que esta no se case con su rico y entregado novio, cuya boda se celebrará en tan sólo 10 días. Álex deberá pues conquistar a contrarreloj a la fría y distante Juliette haciéndose pasar por su abnegado guardaespaldas. ¿Podrá ella resistirse a los encantos y artimañas del galán disfrazado?…

Evidentemente, así es; esto no era más que una pausa retórica. No podemos perder de vista que Los seductores no deja de ser una comedia romántica con final feliz. Ahora bien, Chaumeil administra bien los tiempos, suscita algunas situaciones realmente cómicas (como esa amiga ninfómana a la que golpear para desembarazarse de ella) y encomienda el resto a sus actores principales.

Lo cierto es que la película funciona bien y hace pasar un agradable rato, especialmente por el siempre alocado e histriónico Romain Duris, cuan Ocean devenido en ladrón de corazones. No es pues de extrañar el éxito rotundo consechado en su país de origen y la consecuente compra de derechos por parte de la estadounidense Working Title para su remake al otro lado del atlántico, siguiendo la estela de otros éxitos galos como La cena de los idiota o Bienvenidos al norte.

Ya saben, entretenimiento sin pretensiones que puede gustar tanto a chicas en busca de romances y a novios ansiosos de acción. Y es que la película, por momentos, parece más una tensa muestra de cine de robosy estafas que una comedia romántica en sí misma. Cosas de los franceses.

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Jesús Benabat

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