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Concursante: aquella arriesgada apuesta española (****)

Al hilo del estreno de Buried (Enterrado), la nueva película de Rodrigo Cortés, es necesario recuperar la que posiblemente sea una de sus obras maestras, aún sin haber visto su nueva cinta. Concursante, obra imprescindible para entender el cine del director gallego.

Antonio Sánchez-Marrón. El talento de Rodrigo Cortés quedó demostrado en el año 2000 cuando estrenó 15 Días, un corto (el más premiado de la historia del cine español) en el que el protagonista sobrevivía a través de los períodos de pruebas de los productos que adquiría.

Posteriormente, nos llegó Concursante, una frenética y apabullante película en la que un descolocado Leonardo Sbaraglia tiene que enfrentarse a la mala suerte (sí, ha leído bien) de haber ganado el mayor premio de la historia de la televisión. 500 millones de pesetas le asfixian, le oprimen.

El dinero jamás lo llega a cobrar y es un dinero imaginario, virtual. No es palpable. Su novia comienza a gastarlo aún cuando ni siquiera han visto una peseta. Para poder hacer frente a todo lo que el premio conlleva, han de pedir un crédito al banco que tampoco podrán pagar cuando se dan cuenta de que Hacienda les solicita que hagan la declaración de la renta pidiéndoles más de la mitad de la cuantía real del premio.

Concursante posee un guión magnífico, de esos por los que merece la pena alabar de vez en cuando al cine español. Es una pequeña joya dirigida por alguien casi novato que se hizo un hueco en el complicado mundo del cine. Son lecciones de montaje y edición como nunca antes se habían visto en la gran pantalla.

El comienzo es brutal. Se descoloca al espectador mientras Sbaraglia, portentosa interpretación la del actor argentino, nos va intentando narrar la historia en su orden cronológico. Al frenetismo de la cinta se le una la combinación de una paranoica banda sonora creada por Victor Reyes que infla los momentos álgidos de la película.

Viendo Concursante se nota que Cortés sabe hacer cine. Contar una historia interrumpiendo el ritmo lógico de la trama para pasar a narrar una situación sólo con fotogramas en blanco y negro o desacelerando el ritmo de la película es algo que pocos consiguen lograr en sus primeras producciones.

Concursante es un derroche de talento, una osadía audaz y valiente dentro de un cine que parece conforme con los códigos existentes. Una película con más semejanzas con la vida real de las que puede parecer y una imperdible lección del funcionamiento de la economía que nadie, absolutamente nadie, debe perderse.

Las interpretaciones se elevan a grandes niveles. Tanto Sbaraglia como Chete Lera, Miryam Gallego o Fernando Cayo no sin olvidarnos de Luis Zahera, el asesor económico. Sus papeles son formidables y realzan la calidad de la película, la cual contemplaremos atentos mientras nos aventuramos hacia el final, tan incierto como inesperado, pero que hace justicia con una gran y arriesgada apuesta que en 2007 llegó a las salas de nuestro país.

Al final de la película, sólo tendremos clara una cosa. Que la economía es un tablero de ajedrez y diez monedas de oro.

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