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El Museo de Bellas Artes expone siete obras de la Hermandad del Museo

La fundación Cajasol patrocina esta exposición escultórica que alberga obras de escultores de renombre como Jerónimo Hernández o Francisco Ruiz Gijón. Todas ellas representas escenas marianas o religiosas y estarán en el museo sevillano temporalmente.

Sevilla Actualidad. El delegado provincial de Cultura, Bernardo Bueno, ha presentado siete obras escultóricas de la Hermandad del Museo que se exhiben temporalmente al público en la sala V del Museo de Bellas Artes, antigua Iglesia del Convento de la Merced.

La actividad, patrocinada por la Fundación Cajasol, está constituida por imágenes devocionales de los Cuatro Evangelistas, de Francisco Ruiz Gijón, la Virgen Comendadora de la Merced, de José Montes de Oca, Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, atribuida a Benito Hita del Castillo, y la Virgen del Rosario, de Jerónimo Hernández.

Las obras

Los cuatro evangelistas. La ejecución de estos cuatro evangelistas se corresponde con los años de madurez artística de Ruiz Gijón. Aún sin tener constancia documental de su autoría, otros testimonios y evidencias formales prueban su ejecución por el maestro. Características como el movimiento de gubias visible en barbas y cabelleras, así como la agitación de vestiduras y torsión de cuerpos demuestran paralelismos directos con su obra documentada. Formas manieristas y barrocas se unen a expresiones  contenidas de fuerte carga emocional.

San Lucas aparece representado con un buey a sus pies, en recuerdo del sacrificio de Zacarías, se presenta este evangelista que aúna emoción y dramatismo de forma magistral.  El brazo derecho de San Mateo aparece extendido marcando una diagonal excepcional que alivia la tensión, reforzando el concepto de la figura. El brazo al descubierto y la torsión de su cuello resaltan el realismo con el que el artista proporciona a sus creaciones.

Por su parte, San Juan aparece representado con su símbolo, el águila, sobre la que apoya su evangelio. Es el único evangelista de la serie representado imberbe, circunstancia que permite apreciar la perfección anatómica en su modelado. El ligero cruce de sus brazos alivia la verticalidad de la composición, de diagonal acusada por el pie izquierdo del evangelista que sobresale en la zona inferior de la escultura. Por último, San Marcos se encuentra apoyado sobre su símbolo, el león, destacando la humanidad de su rostro. Su vestimenta es la que marca el dinamismo, contribuyendo a su vez a conformar el perfil fusiforme de la figura.

Virgen comendadora de la Merced. Esta obra del escultor sevillano José Montes de Oca y León es una talla plenamente barroca, se muestra entronizada, con actitud regia y expresión meditativa de gran serenidad. La Virgen se muestra con el hábito propio de la orden mercedaria, sosteniendo en su mano izquierda un libro de Horas Canónicas. La tendencia naturalista del escultor queda reflejada en la peana de querubines que conversan entre ellos.  

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Esta obra está atribuida al escultor sevillano Benito Hita del Castillo, uno de los últimos maestros del Barroco local. Se trata de una reproducción del tema anecdótico de Santa Ana enseñando a la Virgen, compuesto de modo correcto, ofrece un conjunto elegante enriqueci-do por la delicada policromía estofada. El tema iconográfico fue habitualmente utilizado por destacados artistas de la escuela sevillana. Su uso en el barroco deriva del carácter íntimo del tema representado, que ofrecía una imagen cercana a los fieles. La escultura procede del convento de la Merced Calzada de donde pasó, en el s. XIX, a la capilla de la Hermandad del Museo.

Virgen del Rosario. El escultor abulense Jerónimo Hernández es el autor de este conjunto que es un ejemplo excepcional de la imaginería mariana del primer renacimiento sevillano. Su composición parece retomar los modelos escultóricos manieristas italianizantes establecidos por Pietro Torrigiano. La Virgen  a modo de Theotocos acoge al Niño, que surge de su regazo otorgando a la pieza un singular dinamismo. El rostro de la Virgen, de carácter clasicista, refleja una expresión serena y contenida ante el ineludible destino de su hijo.

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