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Catedral de Córdoba- Adrián Yánez
Cultura

El refugiado sirio que acabó gobernando Andalucía

Son pocos los andaluces que conocen la estrecha relación entre nuestra comunidad y Siria, un país del que no sabíamos casi nada hasta que cientos de miles de refugiados se acercaron a nuestras fronteras.

Pues bien, una dinastía siria, la de los Omeya, gobernó nuestra tierra durante casi 300 años y fue precisamente un “refugiado”, Abderramán I, el que dio comienzo a uno de los periodos más espléndidos de la Historia de Andalucía.

Abderramán era conocido entre sus contemporáneos como “Al-Dajil”, es decir, el “inmigrante” o el “refugiado”. Llegó a Al-Andalus desde el otro extremo del Mediterráneo, huyendo de violencia y asesinatos, como ahora hacen los refugiados sirios. Abderramán había nacido en Damasco, era el nieto del califa al-Malik que fue derrocado y asesinado durante la Revolución Abasida. Su abuelo fue el último soberano de la dinastía de los Omeya y sus enemigos, los abásidas, no se contentaron con matar al califa. Reunieron a todos los miembros de la familia Omeya en un supuesto banquete de celebración de la paz entre ambas dinastías. La fiesta se convirtió en una masacre a la que solo sobrevivieron Abderramán y su hermano.

Abderramán llega a Sevilla huyendo de sus enemigos en el año 756. Poco después logra hacerse con el control de Córdoba, que desde entonces se convertirá en la capital de su reino. Hasta el año 1031 los Omeya, sirios de origen, reinarán en Al-Andalus, primero como emires y luego como califas, es decir, jefes políticos y religiosos. A los Omeya les debemos algunos de los monumentos más singulares de nuestra tierra: la mezquita de Córdoba fue precisamente comenzada por Abderramán I y fue continuada por sus sucesores. La ciudad de Madinat Al-Zahara, el “Versalles” de los califas cordobeses, nos habla del refinamiento de una cultura oriental que poco tenía que ver con el sobrio arte de los reinos cristianos del Norte.

Aunque la capital política del reino de Abderramán fue Córdoba, también Isbilya, como era conocida Sevilla entonces, fue una importante ciudad, sobre todo en lo económico. La antigua mezquita mayor, sobre la que hoy se levanta la iglesia del Salvador, conserva parte del patio de abluciones y del alminar que esta dinastía siria legó a la ciudad.

Por segunda vez en la Historia, Andalucía se convierte en tierra de acogida para los que huyen del terror. Entre los rostros de los refugiados reconocemos la valentía de “Al-Dajil”, Abderramán, el emigrante. Recordar la Historia nos hace aprender de dónde venimos. 

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Adrián Yánez

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