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Cultura

El Cabildo estudia el alcance de los daños de un rayo que impactó en la Giralda

El órgano rector de la Catedral de Sevilla aprueba la propuesta del arquitecto conservador del templo, Alfonso Jiménez, para revisar los dos cuerpos superiores de la Giralda.

Los visitantes y curiosos que se encuentren en Sevilla y se decidan a contemplar la Catedral de Sevilla pueden observar desde hace unos días unos andamios en la parte superior de la Giralda, concretamente en los dos cuerpos superiores del alminar.

Esto se debe a que el órgano rector del templo, el Cabildo, quiere saber con exactitud el estado de conservación de dichas partes. En ese lugar se encuentra instalado un pararrayos que sufrió la caída de un rayo durante las tormentas del pasado otoño llegando a afectar al sistema eléctrico de la Catedral.

El encargado de las tareas de revisión y, si fuera necesario, restauración, es el arquitecto conservador del templo Alfonso Jiménez, que también cuenta con la autorización de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía.

Las partes afectadas son denominadas el penacho (o cúpula) y la tinaja, la pequeña esfera de bronce negro donde se asienta la veleta y llamada así por su forma. En cuanto al Giraldillo, representación de la victoria de la Fe, serán los técnicos del Instituto Andaluz del Patrimonio (IAPH) los que tendrán que decidir si procede una revisión de la Giganta.

Las hermanas almohades

La historia de la Giralda de Sevilla comienza durante el período de dominación almohade, convirtiéndose la ciudad en su capital. Fue el arquitecto Ahmad Ben Baso el encargado de construir el alminar de la nueva mezquita mayor en el año 1184.

La leyenda cuenta que Ben Baso construyó tres torres similares al mismo tiempo, y que paraba las obras de unas para inspeccionar personalmente in situ las restantes. Estas construcciones son las conocidas como “las tres hermanas almohades”, una situada en Rabat (la Torre Hassam) y otras en Marrakech (Torre Kutubiyya).

Según cuenta el cronista Ibn Sahib al-Salá, las obras se concluyeron el 10 de marzo de 1198, con la colocación de cuatro bolas de bronce dorado en el remate superior de la torre. Con 82 metros de altura, la Giralda era supuestamente el edificio más alto de toda Europa en su época.

Tras la Reconquista, la torre perdió el remate final debido a un terremoto acaecido en el año 1365. Habría ya que esperar hasta el Siglo XVI para ver el cuerpo de campanas actual, obra del arquitecto Hernán Ruiz; y de esta manera el monumento tal y como lo conocemos hoy en día.

Trabajos anteriores

El característico monumento sevillano siempre ha tenido una especial atención por parte del Cabildo. La más reciente fue en 2008, cuando se estudió el estado de las azucenas que dan nombre al patio del cuerpo superior de la torre. Estos detalles fueron instalados en el año 1982, y el equipo técnico trabajó dentro de un programa de 4 años de duración, un año por azucena. Pero quizás, la revisión y restauración más importante ocurrió en 1985.

Tres años antes de que la Giralda ingresara en la lista de Patrimonio de la Humanidad, se realizó un trabajo dividido en cuatro fases que abarcaron la totalidad del alminar, desde las campanas y el reloj del Siglo XVIII que abarca en su interior, hasta las 39 rampas que dan acceso al mirador.

La atención y el cuidado al monumento es algo justificado, ya que se ha convertido en el símbolo por antonomasia de la ciudad de Sevilla, además de servir de ejemplo, ya que siempre es mejor unir culturas que destruirlas. La Giralda, la Mezquita y la Alhambra son testigos de ello.

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Alejandro Copete/Sevilla Actualidad

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