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Convento de Santa Clara / SA
Cultura

Santa Clara de Alcalá guarda un vestigio del hospital de las Cinco Llagas

En su origen el convento de Santa Clara empezaba en la calle Herreros de Alcalá de Guadaíra. Desde ahí, su extensión llegaba hasta la calle que toma su nombre del templo. El acceso a esta pequeña ciudad en pleno Centro sigue estando donde siempre, en Alcalá y Orti, 39. Allí estaba Alcalá, y tras él –lo que hoy es La Mina– era campo.

Desde La Cañá se accede a un primer patio que da acceso al compás del convento. Allí reside el personal del convento y tiene su sede la Hermandad de la Virgen del Águila. Desde él se aprecia el templo, el compás, el zaguán y el locutorio, espacios públicos del convento. También, más abajo, se ve el antiguo torno, ya en desuso y la hospedería.

Desde su fundación en el siglo XVI, Santa Clara mantuvo su función monacal hasta 1936, cuando el convento fue destruido. Tuvieron que salir a prisa y corriendo y se llevaron lo que pudieron. Entre lo que pudo salvarse está la pequeña talla de un crucificado –el Cristo de los Milagros– o las joyas de la Virgen de la Esperanza. Ambas imágenes gozaron de gran devoción en Alcalá. Tras unos días hospedadas en el vecindario, acabaron trasladánsose al convento de Santa Clara de Sevilla y no regresarían hasta 1941. Así lo explica el pintor alcalareño Claudio Hoyos Prieto, durante una visita guiada al cenobio en el ciclo Paseando por Alcalá.

A su vuelta el convento estaba destruido. Sólo se había salvado del incendio un pequeño patio junto a la hospedería. Sería aquel lugar el que acogiera a las monjas durante los años de reconstrucción del edificio. Precisamente desde entonces y hasta la reapertura de la iglesia en 1965, fue uno de los salones del locutorio el que hizo las veces de templo. Allí se oficiaba la misa. Hoy esa sala está presidida por un cuadro del Cristo de los Milagros, cuyo original, salvado de la quema, se conserva en el coro alto de Santa Clara.

Desde el compás, junto al torno, se accede a la clausura. Era esta la única entrada y salida del convento. Este espacio de tránsito da paso al lugar más amplio del conjunto: El claustro.
Compuesto por cuatro arcos a los que se suman dos más como galerías, el visitante percibe la paz y la tranquilidad que rezuma un lugar copado por la frondosidad de los naranjos que rodean la fuente. El guía explica en este punto cómo las monjas estuvieron desescombrando este lugar durante los trabajos de reconstrucción del convento. Desde aquí y mediante una pequeña escalera tras una verja, se accede al pequeño patio superior que mantiene la imagen del convento anterior al incendio. Allí, un pozo, rodeado de plantas sirve de espacio central a las dependencias administrativas del noviciado. Cuatro arcos completan la estética del pequeño lugar.

De vuelta al claustro –completo y en perfectas condiciones en tres de sus cuatro lados– se observa una amputación de dos arcos y medio en su lado más cercano a La Mina. Fue el precio que la congregación tuvo que pagar en el camino de recuperación de convento. Ese lugar acoge hoy una enorme pared tras la que hay un bloque de pisos que rompe la estética y la simetría de este conjunto.

Desde aquí se accede al coro bajo. Allí, detalla Hoyos Prieto, «aparecen dos de las columnas perdidas en la amputación del claustro». Este lugar es el que acoge a las monjas durante la eucaristía. Está rodeado por una sillería tallada en madera procedente del convento del Valle de Sevilla. El espacio lo preside la Virgen de la Esperanza que tallara Manuel Pineda Calderón tras la pérdida de la talla primitiva en el incendio. Eso sí, el niño Jesús que tiene sobre sus manos es el original. También lo son la corona y el cetro de la que es madre abadesa perpetua. La madre abadesa ocupa el asiento a su derecha. Fue también este espacio el que acogió en 1979 la bendición del Cristo del Perdón, que estuvo aquí hasta 1982.

Desde aquí, mediante unas puertas laterales, se accede a la iglesia, cuya recuperación no concluyó hasta la primera década de este siglo, 60 años después de 1936, aunque el espacio retomó su función en 1965. Años más tarde, en 1988, se edifica la fachada a Nuestra Señora del Águila, y en 1991 se colocaron las vidrieras y el retablo mayor. Precisamente, gracias a la mediación del entonces arzobispo Carlos Amigo Vallejo, y aprovechando la rehabilitación del antiguo hospital de las Cinco Llagas para convertirlo en el Parlamento de Andalucía, uno de los retablos laterales del actual salón de plenos de la Cámara andaluza llegó hasta Santa Clara. Aquí fue adaptado y ampliado para lucir como retablo mayor de la iglesia, ya que las dimensiones del mismo no cubrían el ancho y el alto del templo alcalareño.

Entre los enseres que destacan se encuentra el sagrario de plata que, a mayor tamaño, reproduce el original, del siglo XVII que se encuentra en el coro alto del convento. Diversas obras de artistas locales –entre ellas la pintura de la Virgen del Águila obra del propio guía– completan la iglesia a petición de las clarisas, que han intentado así paliar la pérdida de las distintas obras de arte que no se salvaron en el 36, algunas de ellas atribuidas al imaginero sevillano Martínez Montañés.

La visita llega a su fin, no sin antes repasar la gran cruz de madera que cuelga de uno de los muros del convento en la galería del claustro. La cruz es la original del Cristo del Perdón que, por las reducidas dimensiones del coro bajo del convento, tuvo que ser cortada para poder ubicar aquí al crucificado hasta la terminación de la parroquia del barrio del Instituto. Una vez trasladado, la Hermandad encargó una nueva, donando así a la congregación la original, en señal de recuerdo y gratitud con las monjas.

Hoy el convento, tras 60 años de trabajos de recuperación y mejora, luce una estética distinta a la original pero completada y funcional. La iglesia ha recuperado su esplendor de la mano de restauradores, pintores, doradores y orfebres locales. Y todo gracias a años de trabajo de las monjas y de donaciones de cientos de alcalareños. Ahora, Santa Clara es un magnífico lugar al que acudir para apreciar un poco más el trabajo de décadas de las monjas clarisas. Santa Clara es un elemento más que sumar al rico patrimonio local, y del que aún queda mucho por conocer. Muros tras los que hay patrimonio e historia de la ciudad.

Sobre el autor

Christopher Rivas

Christopher Rivas

Licenciado en Periodismo y Máster en Sociedad, Administración y Política, puso en marcha el 'Proyecto Deguadaíra', germen de Sevilla Actualidad. Ha pasado por El Correo de Andalucía, Radio Sevilla-Cadena SER, o Canal Sur. Es miembro de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

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