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Portada 'Los Cromberger'/Junta de Andalucía
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Los libros más leídos en Sevilla en el Siglo XVI

En 2018 se celebra en toda Europa el Año Gutenberg, conmemorando el 550 aniversario de la muerte del inventor de la imprenta Johannes Gutenberg, con actos por todo el continente; especialmente en Alemania, Francia y España.

La imprenta con tipos móviles se considera uno de los inventos de mayor trascendencia para la evolución de la humanidad haciendo posible la multiplicación mecánica de los textos. La aparición del arte de la imprenta como negocio rentable en Europa a mediados del siglo XV y su rápida expansión facilitó el progreso del conocimiento y abrió un nuevo mundo de comunicaciones.

La imprenta en España dio sus primeros pasos en Segovia hacia 1472. El primer libro impreso en Sevilla fue la obra ‘Repertorium’ en 1477. El comercio de libros en la península descansaba tradicionalmente en las importaciones, incluso antes de la llegada de la imprenta, debido al prestigio de las ediciones extranjeras especialmente en clásicos y libros de texto académicos. Los impresores nativos se dirigían a los lectores locales produciendo ediciones en lengua vernácula principalmente, una buena parte libros litúrgicos, junto a indulgencias, grabados devotos y ediciones utilitarias como textos escolares, también obras médicas, manuales para sacerdotes y compilaciones de leyes. Los autores obtenían un privilegio real para la edición de sus obras que era válido en una zona geográfica determinada y un número de años. El autor vendía el privilegio a un editor/librero, como los Cromberger que unían los papeles de impresores, editores y libreros.

Cuando la imprenta llega a Sevilla, ésta era la ciudad más próspera y poblada de Castilla, y su importancia radicaba en el comercio, asentándose un gran número de mercaderes extranjeros. La saga de los Cromberger se inicia con Jacobo Cromberger (Núremberg, 1473-Sevilla, 1528), también apellidado Alemán, Nuremberge o Moranberga en los documentos. Probablemente oriundo de Nuremberg (Alemania). Trabajó en Sevilla en el taller de los impresores Meinardo Ungut (alemán o flamenco) y Estanislao Polo (polaco), y a la muerte del primero, se casa con la joven viuda, Comincia de Blanquis, haciéndose con el taller. Estos matrimonios de interés eran habituales en el siglo XVI para soldar fortunas o unir intereses comerciales. Los Cromberger tuvieron especial cuidado y utilizaron con éxito los enlaces para impulsar su negocio.

Primeramente Jacobo se dedicó a la impresión, combinando la producción de obras breves con otras más importantes, como es el caso de los libros litúrgicos encargados por contrato y de los que recibía un pago garantizado. De su imprenta salen desde obras erasmistas hasta libros de caballería. Forjó buenas relaciones con la Iglesia, con la orden franciscana (para los que imprimió 2.000 cartillas de enseñar a leer que llevarían a una expedición al Caribe en 1512) y con miembros del cabildo catedralicio de Sevilla. En una ciudad con un gran mercado del libro dentro y fuera de ella, sin competencia seria y desde 1503 con el monopolio del comercio con las Indias, Jacobo Cromberger consigue convertir su taller en la imprenta española más importante de la primera mitad del siglo XVI. Favorecido por su buen oficio y sabias decisiones en la elección de títulos, sus obras eran consideradas de gran calidad y famosas ya en su época. El Inventario de bienes de Jacobo Cromberger, de 5 de junio 1529, realizado tras su muerte, informa sobre los libros salidos de su imprenta y los que tenía en depósito procedentes de talleres ajenos, el valor que sus herederos les daban a esos libros así como una guía de predilección del lector de la época. Clive Griffin  realizó una transcripción en ”Un curioso inventario de libros de 1528”.

Jacobo ejerció también como editor y librero, diversificó sus negocios, adquiriendo casas y tierras, o comprando y vendiendo esclavos, a los que empleó como mano de obra en su imprenta. En Sevilla no hubo gremio de impresores al menos durante la primera mitad del siglo XVI por lo tanto no había trabas para el empleo de esclavos siendo más baratos que operarios o aprendices.

La mejora de los negocios implicó una expansión de sus actividades, para ello buscó un local más grande que el que tenía en la calle de Génova. La nueva casa estaba situada en la calle de Marmolejos (actual calle Pajaritos), en la parroquia de San Isidoro, y justo al lado el taller de la imprenta. Se localizó aquí desde 1511, junto a las prensas, equipos, libros, esclavos, aprendices y operarios libres, convivía la familia y algunos comerciantes de origen alemán que les visitaban, siendo habitual que éstos se quedasen en su casa mientras hacían sus negocios en Sevilla.

Su hijo, Juan Cromberger (1528-1540), prosiguió el negocio familiar. Jacobo le había legado un oficio, una imprenta floreciente y equipada, una amplia red de clientes y contaba con el activo comercio americano lo que harían que consolidara y ensanchara el negocio. Una de las obras más importante que salieron de su taller fue la “Suma de geografía” de Martín Fernández de Enciso que fue uno de los primeros libros impresos en español en describir el Nuevo Mundo. También tiene el honor de haber enviado a la ciudad de México la primera imprenta que funcionó en tierras americanas y que está documentada. Persuadido por el obispo de México, fray Juan de Zumárraga, y el virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza, se instaló la imprenta en una casa que poseía el obispo de México cerca del Zócalo, en un local hoy conocido como “Casa de las Campañas” en el centro de la ciudad de México. En 1539 se firma el Contrato entre Juan Pablos, componedor de letras de molde, y Juan Cromberger, impresor, para llevar una prensa e imprimir libros en México, Nueva España (12 de junio de 1539, Oficio 1, signatura 57P) al que sigue una Carta de pago de 195.000 maravedís a Juan Pablos por cuenta de la prensa, tinta, papel, pasajes y otros gastos que realiza el impresor junto con el Contrato entre Juan Cromberger y Gil Barbero, imprimidor de libros, que va como ayudante a México. El encargado del taller, un antiguo empleado italiano, Juan Pablos (Giovanni Paoli), empezó a imprimir los primeros libros americanos “en la gran ciudad de México en casa de Juan Cromberger”. Pablos acepta marchar a México con su mujer y permanecer allí diez años. Dirigirá la sucursal trabajando como cajista aportando Cromberger todos los materiales (tinta, tipos, instrumentos y papel). Pablos no aportó dinero ni recibiría sueldo, manteniéndose con el dinero obtenido de la venta de los libros, el excedente lo mandaría a Sevilla.

Juan Cromberger se casa con Brígida Maldonado, procedente de la familia Carón, comerciantes de libros de Salamanca. Al morir su esposo, la viuda no se volvió a casar, como tantas otras viudas de impresores, y manejó la imprenta y los negocios familiares de ultramar hasta que su hijo Jácome tuvo edad suficiente para hacerse cargo de los mismos. A diferencia de su suegra Comincia, mujer de dos impresores, Brígida sabía escribir y firmó los documentos como “la desdichada Brígida Maldonado o “triste Brígida Maldonado”. Hay pruebas de que Brígida no sólo imprimió libros a nombre de su difunto marido, en un poder de 20 de marzo de 1544 un criado habla de ella como “la ymprimidora, mujer que fue de Juan Cronberger”, sino que también los vendió utilizando su propio nombre.

Jácome Cromberger (1540-1560) tomó la responsabilidad de la imprenta entre 1545 y 1546, casa con Inés de Alfaro, hija de Juan Varela de Salamanca, también impresor y amigo de Jacobo Cromberger. En este periodo la calidad de las impresiones baja, al ambiente económico desfavorable se sumaba la competencia extranjera y también local. Por otra parte una crisis ideológica afectaba a impresores y libreros. Jácome tenía diversos intereses económicos y terminó cargado de deudas. Estuvo en la cárcel en varias ocasiones, quizás por falta de liquidez más que por bancarrota total. El 13 de septiembre de 1558 Inés de Alfaro prometió pagar una deuda a un acreedor con su propia dote para que su esposo saliera de la cárcel arzobispal donde había sido encarcelado y posteriormente se marcha a las Indias. El 24 de noviembre de 1559 su esposa actuaba en su nombre por “questá absente desta cibdad de Sevilla en las Yndias” donde fallecería en 1560. Jácome será el ultimo en ejercer un oficio al que la familia Cromberger se había dedicado más de medio siglo.

AHPSE conserva la lista de libros del inventario de Cromberger

El Archivo Histórico provincial de Sevilla (AHPSE) conserva la lista de libros que aparece en el inventario de bienes de los Cromberger. El inventario se protocolizó en junio de 1529. Las existencias del taller llegaban a 160.000 unidades. Los datos que aporta son útiles para informar sobre los libros salidos de su imprenta y los que tenía en depósito procedentes de talleres ajenos, el valor que sus herederos les daba a esos libros así como una guía de predilección del lector de la época.

En el inventario se indica el número de ejemplares, título y precio. También existe otro listado en la Carta de dote de Catalina Cromberger, hija de Jacobo, que añade 50 títulos más a los que aparecen en el inventario de bienes de su padre, de la dote de Catalina destacamos los 1.401 ‘Calistos’ (se trata de La Celestina de Fernando de Rojas) marcados en la imagen. Entre los libros de los Cromberger, además de los de entretenimiento como la Celestina, Cárcel de Amor o de Caballerías, hay obras filosóficas, libros litúrgicos y religiosos (incluidos los reformistas). El primero que aparece en el folio inicial del inventario de Jacobo es ‘Retablo de la vida de Cristo’, de Juan de Padilla, el Cartujano.

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