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Cofradías

Corpus: cuestión de cofradías

Pre-Corpus

En los últimos compases de la primavera, cuando el mes de junio empieza a convertirse en sucesión de días laborales para escaparse a la playa los fines de semana, el Corpus pone el último desfile de trajes de chaqueta y pin en la solapa por las calles del centro antes de la diáspora.

La Catedral y su entorno prestan un escenario monumental, adornado de altares, gallardetes, juncia y romero sobre el suelo, toldos, buganvillas y sillas de tijera de la carrera oficial del «hasta luegooo» que se repite sin cesar entre las filas de cofrades cirio en mano.

Una de las procesiones más largas de la ciudad, la del Corpus Christi, adolece de ser «la pescadilla que se muerde la cola». Por eso este año el Cabildo Catedral ha decidido adelantar un cuarto de hora la salida del guión de la Sacramental del Sagrario por la puerta de San Miguel. Un pequeño esfuerzo para dar agilidad a una procesión en la que participa todo el que es algo en la sacralizada sociedad sevillana.

Son las cofradías, sin embargo, las que más participan del evento. Son las cofradías las que hacen que el cortejo sea kilométrico y tedioso. Un canónigo muy atrevido, Francisco Gil-Delgado, se atrevió a afirmar que “en el Corpus sale mucha gente y la procesión se hace pesada. Nadie se ha atrevido a abordar la reducción de las representaciones de las hermandades, pero es algo que habría que plantearse ya en serio. Porque haya más o menos niños bien peinados, la procesión no va a ir a la baja”. Estas palabras no son de ayer por la mañana pero siguen plenamente vigentes.

Con orden y con cierto… desorden 

Todos dicen que el Corpus tiene tan poco público porque el cortejo es largo. Pero a la vez todos se esfuerzan en ocupar un lugar en el desfile. La primera mitad de la procesión, donde van integradas la totalidad de las hermandades, se alarga hasta límites insospechados. Sin embargo, año tras año, las hermandades envían representaciones más numerosas. El Corpus Christi, aunque es organizado por el Cabildo Catedral y los lugares más importantes son los de las autoridades eclesiásticas y civiles, es una cuestión de cofradías, y no sólo por el gran número de personas que aportan para mayor esplendor del mismo.

Desde la alta edad media en que comenzó a salir la procesión del Corpus en Sevilla, las hermandades han tenido un peso específico. Participaron primero las cofradías gremiales con sus santos patronos en andas. Ya en 1585, el ayuntamiento citó a las cofradías de penitencia para que fueran con ropa de gala. Los siglos de oro mantuvieron esta costumbre, pero a partir de 1810, con los estragos de la entrada napoleónica en la ciudad, también el Corpus se vino muy abajo y se constata que hay muchas hermandades que ya no asisten. En 1812, las cofradías sacramentales, con fechas de fundación muy confusas, firmaron un acuerdo de precedencia que fue aceptado por todas menos por la de la parroquia de San Vicente (actual de las Siete Palabras), que ese año no asistió.

Los desórdenes políticos y administrativos de aquellos años no hicieron más que enfriar el interés de los cofrades. Quizás para atraer a las hermandades, se concibió la presencia de los titulares de las parroquias, juntándose algunos años hasta veintiún pasos en el cortejo. La II República, la Guerra Civil y la Posguerra volvieron a obligar a los canónigos a proponer a los colegios y hospicios, así como a las hermandades de gloria que participaran también, dando lugar así al orden actual: primero las glorias, luego las penitencias y al final las sacramentales, todas por antigüedad y al final las que firmaron la precedencia de 1812.

Este orden pide a todas voces una reforma. El profesor Alberto Ribelot, fallecido experto en el derecho de las cofradías, reclamaba un orden basado en el privilegio sustantivo, es decir, todas las hermandades por orden de antigüedad y al final las archicofradías, también mezcladas. Esto facilitaría un reparto más equitativo del cortejo, dado que las penitencias más numerosas irían repartidas por diferentes tramos y las glorias y sacramentales, más reducidas, equilibrarían su presencia entre los cuatro o cinco primeros pasos.

No tiene sentido tampoco que las hermandades del Gran Poder, Macarena, Cachorro y Archicofradía de María Auxiliadora, por estar establecidas en basílicas ocupen los últimos lugares si ninguna otra hermandad se ordena por criterio de sede canónica. Lo más complicado es establecer la antigüedad de ciertas corporaciones que como «vacas sagradas» ocupan lugares privilegiados. La pequeña cofradía de los Reyes de los Sastres, por ejemplo, es la que tiene una presencia continuada más prolongada en el tiempo, pero como hermandad de gloria se ve obligada a figurar muy hacia delante de un cortejo en el que la gente empieza a despertar cuando pasa San Fernando con la banda municipal.

Con ciertos… desaciertos 

Fíjense en el cortejo. El número de varas de plata es mucho mayor en la primera parte. Los cofrades de gloria están más acostumbrados a la vara que al cirio. Hay ejemplos de corrección, como la Divina Pastora de Santa Marina, cuyos cofrades llevan hachetas de madera alumbrando el camino de la custodia. Si van varas, siempre en número par. Las presidencias impares no proceden delante del Santísimo. En la sección de penitencia, la cera es la protagonista. Pero no es buena vela toda la que alumbra.

Las cofradías de Semana Santa quieren llevar su personalidad al Corpus y asisten con cirios de colores completamente impropios. Ni verdes, ni tinieblas, ni azules…ni rojos. Muchas que son de penitencia y sacramentales usan los cirios rojos por asimilación con la Hermandad Sacramental del Sagrario, que es la única que tiene privilegio para usarlos. Lo ideal sería que todas portaran cirios blancos, que es el color eucarístico. Sobran también los guiones sacramentales repetidos hasta la saciedad. Al principio va uno y no son necesarios los demás.

Las cofradías en el Corpus necesitan un manual de estilo, mucho más allá que el traje oscuro y de las llamativas minifaldas que algunas muchachas lucen en el cortejo. No se trata de que las cofradías vayan a troche y moche, ni de limitarles el número de representantes. Si se cumplieran estas normas básicas, el cortejo sería mucho más visual. Incorporar más pasos y bandas de música parece una buena propuesta. San Hermenegildo, San Juan de Ribera, muy devoto de la Eucaristía, el beato Manuel González cuando sea canonizado o el misterio de la Sagrada Cena podrían ser buenas propuestas.

A pesar de todo, disfrute usted del Corpus. De una fiesta con sólo dos altares en el concurso, ni sombra de lo que fue. Pero al fin y al cabo, el último de los jueves que reluce más que el sol. No se quede en casa. Salga a ponerle cara también al entusiasmo de la ciudad por sus raíces y su historia. Es como una puerta abierta al tiempo que se fue, a la nostalgia de otros siglos. Sevilla, siempre con un disfraz dispuesto para sentirse más ella misma. 

Sobre el autor

Francis Segura

Sevillano habilitado por nacimiento, ciudadano del mundo y hombre de pueblo de vocación. Licenciado en Historia del Arte que le pegó un pellizco a la gustosa masa de la antropología, y que acabó siendo recepcionista de notario y estanquero. Investigador en la historia y en la literatura, preguntón, atrevido y gesto hecho hombre.

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