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Retomar la vida

Como hace ya varios años que el Graderío se mudó del miércoles al lunes, son ya varios los Lunes de Pascua en que dedico esta página al lamento melancólico de la semana que se va.

Sin embargo, como esta Semana Santa para mí ha sido muy poco usual, en prácticamente todos los sentidos, no pude dedicar el Domingo de Resurrección a lamentarme por las esquinas como alma cofrade en pena. Tenía tanto que hacer, de esa otra vida que durante una semana se aparca, que no pude dedicarme al lloriqueo.

Retomar la vida es algo que debe hacerse cuanto antes, por muchos motivos. Que la nostalgia te carcoma el alma debería limitarse a un par de horas y luego, hay que recoger los trastos, literalmente.

Generalmente, nadie habla del aspecto prosaico de la cuestión, como mucho se dedican líneas a lo poético del asunto:

«Guardé mi túnica, hasta el próximo año…»

Resulta poco atractivo decir que se tiene la habitación y parte de la casa con chaquetas y ropa poco compatible con la vida diaria de la mayoría, que los zapatos deben limpiarse y guardarse por un tiempo, que hay que sacar estampitas de bolsos y bolsillos…

En mi casa, prosiguiendo con la inusualidad de este año, hemos sufrido la baja más importante y dolorosa que puede sufrirse en una casa cofrade un Domingo de Resurrección; la lavadora.

Ha perecido en glorioso acto de servicio, y de este modo, mientras hay quien echa de menos el incienso en las calles, o se le saltan las lágrimas con el recordatorio sonoro de los neumáticos chirriando en la calzada, nuestra cesta de la ropa sucia crece emulando las proporciones del Gólgota y se busca una máquina que sustituya lo antes posible a esta.

Retomar la vida puede no ser poético, pero es necesario, máxime cuando traíamos los horarios de sueño trastocados y el cambio de hora nos ha rematado los ritmos del todo.

Por supuesto, quedan balances, impresiones, cosas de las que este medio también será partícipe y de la que personalmente no me libraré, pero ya será en la rutina de los vaqueros y el desarreglo habitual.

Claro que por esta tierra nada dura mucho, y mientras escribo esto he recordado que tengo que sacar trajes de flamenca y no sé si me he alegrado o mi cansancio ha caído a plomo sobre mi conciencia.

Sea como fuere, por el tiempo que nos dejen, intentemos retomar la vida.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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