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Los vestigios de lo que fue

Llegó el final y, aunque muchos no lo sientan como tal porque el contador ha vuelto a descontar días, los corazones de los cofrades y admiradores del arte se encuentran sobrecogidos con el adiós.

Aunque lo cierto es que el final se intuía tras los portones de la parroquia de la O, el Sábado Santo es un grandioso ‘bonus track’ para apaciguar el dolor del alma de aquellos que han basado los últimos ocho días en desgastar las suelas de sus zapatos en los adoquines del centro histórico.

Día de alegorías, sobriedad y elegancia. Despedidas que no se consumen, momentos que se aferran al recuerdo, el Domingo de Ramos quedó lejano pero, a la par, parece que fue cuestión de horas que la Amargura asediaba San Juan de la Palma.

Así, la hermandad del Sol inició la cuenta atrás mostrando a Sevilla su nuevo techo palio, una Inmaculada plasmada por Raúl Berzosa. La originalidad imperó bajo los sones de la magnífica banda del Sol capaz de erizar hasta la piel más tenaz.

El duelo llegó de la mano de Los Servitas, una de las cofradías que pese a su juventud es digna de disfrutar desde la Cruz de Guía hasta el último nazareno. Resulta difícil imaginarse un Sábado Santo sin la belleza de la Piedad. Especialmente emotivo su discurrir por Doña María Coronel cuando los cofrades empiezan a contar de nuevo hacia atrás con el tambor destemplado.

Llegó el momento de la Ronda de Capuchinos, la Trinidad aportó carácter a la jornada y supuso el último momento de éxtasis de la Semana Santa guiado por Cigarreras y Tres Caídas. El Cristo de las Cinco Llagas lució con el estreno del dorado del canasto. Además, la última de las Esperanzas recibió los pétalos rezagados mientras la cintura de sus costaleros deleitaba al público de la calle Sol.

El matiz más institucional vino con el Santo Entierro. El lamento de la muerte, cavilando en la soledad de la Cruz, sólo es superada con la imponente urna dorada que guarda y cobija el cuerpo sacro de aquel que murió por todos nosotros. Pero para hablar de soledad debemos desplazarnos a San Lorenzo, donde la saeta se erige como coprotagonista de la plaza.

Ya sólo queda esperar que Jesús se levante de entre los muertos, perdone nuestros pecados y cierre la semana más grande con la sonrisa de la Virgen de la Aurora.

Sobre el autor

Candela Vázquez

Licenciada en Periodismo por la US. Sus primeros pasos fueron como reportera y locutora para los informativos locales. En prensa escrita sus informaciones se han seguido en Estadio Deportivo y en ElDeporteFemenino.com. Y ha pasado por el gabinete de comunicación de la Coordinadora Andaluza de ONG para el desarrollo.

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