La Madrugá de Buñuel
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La Madrugá de Buñuel

Cuando puntualmente pasada la una de la madrugada el Silencio ponía su cruz de guía en la Campana nadie podía alcanzar a imaginar que la jornada se convertiría en una mezcla de surrealistas ingredientes capaces de hacer cambiar incluso el itinerario de La Macarena. Los sucesos insólitos se fueron encadenando dejándonos unas Madrugá inverosímil y bizarra como pocas en la que los retardos se llevaron la palma.

Con algo de adelanto llegaba Jesús del Silencio a la avenida de la Constitución, sus pitos nos narraban que el Nazareno ya camina entre quienes no podemos hacer otra cosa que no sea admirar su tránsito hacia la muerte. Perfecto y ejemplar discurrir de la corporación de San Antonio Abad durante la primera parte de sus estación de penitencia. La poderosa zancada del Gran Poder precedería al callado caminar del palio de la Virgen de la Concepción que un año más inundaría de aroma a azahar todo a su paso premiando así a Sevilla por la espera de su templo andante de plata. La comitiva del Señor de Sevilla no encontraría ningún contratiempo al margen de la demora sufrida en Gravina hasta que Mayor Dolor y Traspaso sufriera una avería en uno de sus varales antes de entrar en la plaza de la Gavidia. Rápidamente pudo ser subsanado para concluir de ese modo el paso de las filas de negro ruán por Cardenal Spínola dirección a la plaza de San Lorenzo para llegar dentro de lo posible, puntuales al encuentro con sus fieles en el momento de su recogida. 

Tan sólo unas horas antes la Madrugá se trastocaba en unas horas de locura y novelería que a pesar de todo tanto gustan en esta ciudad. La cuenta oficial de Twitter de la Hermandad de Los Gitanos, que no paraba de narrar el avance de sus titulares, advertía a las cuatro menos diez de un conato de «carreritas» en la calle Matahacas. Minutos después aclaraban que únicamente se trataba de la caída de una valla pero la rumorología ya buscaba en las aceras la exageración de los hechos. A reglón seguido una reyerta en la Encarnación se convertiría en tendencia en Twitter, y a partir de ahí el dislate. Ante el temor a peores acontecimientos incluso se produjo un encierro en la cafetería Spala, sin lugar a dudas buen lugar para atrincherarse a la espera de acontecimientos durante las horas más duras de la Madrugá. Dichos altercados sin consecuencias influyeron negativamente en el caminar de La Macarena que comenzó a acumular cierto retraso en su llegada a la plaza San Francisco. Sin apenas margen de maniobra a la hermandad del arco se le notificaría la orden de modificar el camino de vuelta hacia la Resolana por una avería de conductos de gas natural en la calle Feria, iniciando de este modo un histórico recorrido de vuelta por Orfila, Lasso de la Vega y Correduría por donde el público fue congregándose según avanzaban los mensajes de Whatsapp entre los sevillanos que a esas horas aún seguían buscando a la Esperanza por los rincones de Sevilla.

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Calvario, Esperanza de Triana y Los Gitanos no pudieron hacer nada enfocado a enmendar la situación. Únicamente pudieron verse a rebufo del retraso ya acumulado de su antecesora sumando hasta 35 minutos de tiempo perdido ante la desesperación del respetable que no cesaba de extrañarse por las notables vicisitudes de una noche, en la que un nazareno de la Esperanza Macarena precisó ser hospitalizado tras una caída propiciada durante los habituales paseos a desayunar que caracterizan a esta entidad.

Casi a las tres de la tarde el lento caminar de la Esperanza hacia el interior de su templo en la calle Pureza ponía el cierre a una Madrugá que pareciera firmada por el propio Buñuel, en la que una vez más ha reinado el descontrol y la falta de acuerdo entre los mandamases de las hermandades implicadas en la noche más hermosa del año para Sevilla y para quienes tienen el honor de vivirla a pie de acera con la ilusión de una mayor armonía fuera de disputas impropias de la Semana Santa.

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Álvaro Ballén

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