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Cofradías

Madrugá: La noche es sueño

La ruta jartible de la Madrugá

Qué lástima soñarte todo el año con disputas, malentendidos, duelos de ego. Qué pena buscar el eclipse en lo que es oscuridad. Qué triste no confundirse con la noche que iguala las penitencias y magnifica los sentimientos.

 

Entradas y salidas

El Silencio: sale 01.05; entra 05.40 (Iglesia de San Antonio Abad)

El Gran Poder: sale 01.00; entra 08.00 (Basílica del Gran Poder)

La Macarena: sale 00.00; entra 13.30 (Iglesia de San Antonio Abad)

El Calvario: sale 03.45; entra 08.00 (Parroquia de la Magdalena)

La Esperanza de Triana: sale 02.10; entra 13.30 (Capilla de los Marineros)

Los Gitanos: sale 02.30; entra 13.00 (Santuario Señor de la Salud)

Silencio. El contraste es tan grande que debería hacernos enmudecer toda la noche. Silencio. En San Antonio Abad sólo se oye el crujido, la respiración apurada, el plegar del papel que pedirá la venia. El rumor del Arco es un eco en la distancia más espesa; cuando la noche se detiene, el aire se para dejándose invadir por el azahar. Suspendidos en el estado de las cosas que se mantienen por los siglos el corazón se prepara para recibir la zancada más poderosa, más humilde, más rotunda. El que todo lo puede reparte el consuelo que en estos tiempos no sobra. Pero su madre ya dice en su nombre el esbozo del sentimiento más profundo: Mayor Dolor. Sólo ella sabe cuántas peticiones se derraman en San Lorenzo todo el año, aunque sea el secreto mejor guardado de ese barrio.

Calvario, tan lejos está el monte, tan cerca está la Magdalena, tan concentrada está la elegancia, tan oprimida la pena… La sobriedad es una cola enrollada en el brazo, la nostalgia un paleteiro que ya no atusa las colas.

Y andas y desandas las calles, desgastas tus suelas y los adoquines con su pátina de cera, intentando no resbalar en la noche más breve y más larga, huyendo de esa hora crítica en que todo empieza a terminar cuando el sol amenaza con dejarse ver. El sueño puede buscar en ese momento un resquicio por el que herirte. Entonces podríamos recordar a Shackespeare con aquello de dudar entre si es el Sol o la Luna que nos engaña… Sería maravilloso si fuera lo segundo, pero no es así. Superada la angustia del amanecer no se podría hacer nada mejor que recrearse en ella, en la angustia, en Las Angustias.

La infancia, el resquicio de la patria que dijo el célebre escritor. La infancia de algunos y algunas era una mañana gélida, una ciudad que se desperezaba, unas calles que parecían contarte una historia que te habías perdido, que aún te era oculta. Era un cuento de noche, oscuridad, transitar de luces, colas y capas. Pero tu Madrugá era otra cosa. Era el desayuno en el bar Centuria, canallesco y macareno. Era el sol iluminando la sentencia más injusta, los cien hombres altaneros que dijo Herrera, llorar y reír las penas a pleno día.

La Madrugá era madrugar para buscar camino de Triana lo que en Triana mejor se entiende. Ver como ese palio cada día se parece más al azulejo más exquisito merecería mil despertadores atronando tus oídos. Ver el izquierdo, escuchar el izquierdo, y una vez más el sol dando vida a la divergencia que en Sevilla forja la pena y modela la alegría. Sentir la mañana en una corneta, dejar la ciudad para envolverte en la ciudad misma, la del otro lado del río.

Y cuando el sueño es más despierto que nunca, se araña el último recuerdo de la infancia que sólo entendía la Fé a la luz del día. Angustias, la mañana le queda tan bien que parece que Bejarano se la ha preparado a su medida. El Señor de la Salud intenta derramarla hasta el último momento, igual que derramó su advocación por los templos por los que pasó, prestando su nombre a hijos de Dios hermanos suyos, como mi Cristo de La Ventana; enlazando la salud por toda la ciudad.

El Santuario es nuevo, el rezo tan antiguo como el mundo. El día ha entrado por derecho. Estamos en una jornada distinta; el sueño cambia de manos, no de corazones… Que me gusta recordar la Madrugá cuando su sentido era la ilusión y no el cronograma.

Sobre el autor

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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