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estrella en san jacinto
Cofradías

Domingo de Ramos de excesos

El sueño inerte de Aníbal, por Jaime Fernández-Mijares

¿Calor? el que quieran… ¿Gente? la que pidan… ¿Cofradías? en pleno.. ¿Buen gusto? siguiente pregunta por favor…

Buscaba la Amargura la calle Alcázares y decía Alejandro Ollero: «¡Ahí! trabajando bien la loseta». Puede que el día haya sido algo de eso, trabajar la loseta, trabajarla mucho, de diferentes formas y maneras. En la Plaza Nueva al paso de La Paz la loseta estaba bien trabajada, no había un palmo de suelo libre. Una señora amenazaba con que podría caerse… eso habría sido posible si hubiera habido una extensión de terreno lo suficientemente grande como para ello, es como la paradoja insegura de la seguridad de la bulla.

El día cumplió lo que prometía; niños, estrenos, carritos, masa ingente de público, zapatos inadecuados o ausencia de los mismos. Ves a una chica descalza por Fernández y González y no sabes si es una valiente o una inconsciente. Claro que acostumbrada a ver esos looks más propios de Fin de Año que de Domingo de Ramos, lo mismo no llevar zapatos es como secundario.

El parón del día vino en La Hiniesta, episodio que afortunadamente no llegó a más aunque el varal maestro y la herida de un costalero hicieron disparar la rumorología hispalense, ¡que fenómeno tan genial!, llegando a circular versiones por la ciudad en las que el pobre chico prácticamente había perdido todo de hombro para abajo.

Quizás lo más destacable del día sea lo que a nadie le gusta destacar: somos una ciudad de guarros con unos visitantes de igual condición. Inhumana cantidad de porquería que los operarios de limpieza intentan recoger mientras la gente comenta que deben estar cobrando mucho por trabajar en festivo. Claro, el asunto es ese, no que mientras el público entregado canta Encarnación Coronada como si su vida dependiera de ello un coro de latas pateadas hiciera el bajo.

La regulación de las sillitas es algo tan férreo como el papel mojado, y además, el problema sigue estando en los «bordilleros», que causan la misma, o mayor obstaculización. Pero nuestro insigne alcalde dijo esta mañana que cada uno viviera su Semana Santa, y eso es lo que hace el personal, ir a lo suyo.

Luego están las notitas de color, los costaleros que beben refrigerios de sospechoso aspecto de gin tonic, los nazarenos que le preguntan a los viandantes el camino a su templo, los foráneos que pretenden ir a ver cofradías que ni salen hoy, el famoso hombre de la caña que se la olvidó en una iglesia y casi se ve abocado a encender la candelería con un mechero de propaganda, esos peatones que parecen saber donde van y de pronto exclaman: ¡Mierda, un paso al final de la calle! Todos trabajando la loseta, desgastando suelas si las tienen, yendo y viniendo de lo surreal a lo demasiado realista.

Bendito consuelo que el azahar se esté portando, que algunos palios sigan siendo tan sevillanos como las circunstancias requieren, que algunos instrumentos suenen como deben sonar.

Camino de buscar un taxi, camiones de Lipasam intentan tomar el centro, mimando la loseta. Tal vez lo suyo sea más digno de ser reconocido como el trabajo de la Semana Santa y no el de los que llevan costal.

Galería Domingo de Ramos

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Imágenes de: Álvaro Ceregido, Ángel Vílches, Laura Contreras, Carlos Álvarez, Miguel Arco, Candela Vázquez, Mercedes Serrato, Álvaro Ballén, Elu Luceño y Daniel Rosado

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Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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