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El estrés, nuestro enemigo para adelgazar

Según un estudio reciente las mujeres que sufren de estrés no consiguen adelgazar ya que el ritmo acelerado de vida hace mella en sus esfuerzos, incluso aunque lleven una dieta saludable.

El estudio ha sido publicado por la revista “Molecular Psychiatry” el 20 de septiembre de 2016 y analiza a 58 mujeres demostrando que el estrés puede contrarrestar los beneficios de comer equilibradamente.

Las personas que participaron (de una media de 53 años) ingirieron una comida rica en grasas saturadas, una semana después consumieron otra comida baja en grasas saturadas, el resto de la semana su menú se mantuvo prácticamente igual, misma cantidad de calorías, mismo porcentaje de proteínas, de hidratos de carbono y de grasas.

Los resultados obtenidos fueron que en mujeres poco estresadas los marcadores de inflamación fueron más altos tras ingerir la comida rica en grasas saturadas, en cambio en las estresadas esas diferencias no se produjeron. ya que sus marcadores de inflamación no se alteraron ni después de comer grasas saturadas ni después de pasarse a la dieta sana.

Lo que nos explica entonces este estudio realizado por la universidad de Ohio es que cuando una persona no baja el ritmo y además se pone a dieta, su cuerpo reacciona liberando cortisol “hormona del estrés”, que produce cansancio, dolores de cabeza, palpitaciones, hipertensión, falta de apetito o gula desmesurada, problemas digestivos, orina frecuente, diarrea o estreñimiento, dolores o calambres musculares, infertilidad, interrupción de la menstruación, perdida de memoria y disminución de las defensas. Por tanto ponerse a dieta estando estresado no dará los resultados esperados.

Podríamos seguir algunos consejos aplicables a nuestra dieta para contrarrestar los periodos de estrés:

• Consumir mayores alimentos ricos en Vitamina C. Una carencia de esta vitamina reduce la actividad de los macrófagos, células inmunitarias que se comen literalmente a los virus y a las bacterias invasoras. Por lo que una menor cantidad de macrófagos aumenta nuestra propensión a contraer resfriados y gripe, lo cual contribuye a agotar nuestras reservas de vitamina C. Podemos encontrarla en los cítricos, en las frutas del bosque o los pimientos por ejemplo.

• Consumir alimentos ricos en betacaroteno (un precursor de la vitamina A), que nos ayudan a reforzar el sistema inmunitario. Se encuentra en la zanahoria, las verduras de color verde oscuro y las frutas de color amarillo y naranja.

• Aumentar nuestro consumo de proteínas, ya que una dieta pobre de éstas puede reducir de forma considerable las defensas inmunitarias y la capacidad de combatir las infecciones. El pescado azul resulta especialmente apropiado ya que proporciona grasas esenciales capaces de fluidificar la sangre. De este modo se contrarrestan las propiedades espesantes de la adrenalina.

En resumen, si conseguimos aplacar el estrés y llevamos una dieta sana y equilibrada podremos alcanzar nuestro objetivo; perder peso.

Sobre el autor

Almudena Cerquera

De padre sevillano y madre granaína, sevillana a fin de cuentas y trianera por adopción. Es técnico superior de Dietética y Nutrición. Como le gusta predicar con el ejemplo, mantiene una alimentación sana y equilibrada que complementa practicando deporte.

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