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Desastre en el Villamarín (2-2)

Sin importar el cómo, el Betis iba ganando a falta de ocho minutos para el final, pero como sucedió instantes antes, los verdiblancos volvieron a la sempiterna agonía que siempre acompaña a un equipo irónicamente proyectado para aspirar a Europa.

Lo cierto es que el Betis comenzó el partido con fuerza, con una actitud que se agradecía tras la vergüenza de lo precedente. Vadillo profundizaba por banda y ponía el balón en las cercanías de Cobeño, mientras Salva Sevilla parecía estar en uno de esos días en los que divisaba esos huecos imposibles entre los defensas. No obstante, los heliopolitanos jugaban a ratos, y cómo sólo ellos saben, daban oportunidades a unos visitantes demasiado imprecisos que no aprovecharon la profundidad de Lass por banda derecha.

Pese a mover el balón con cierto sentido y velocidad, las ocasiones claras no acaban de llegar, así que apareció el único recurso que hasta la fecha de hoy se había traducido en goles: el balón parado. El tanto llegó en un corner que remató Amaya casi sin saltar ayudado por la extraña amistad de sus adversarios franjirrojos.

El tanto serenó aún más el Betis que desperdició la oportunidad de ampliar la ventaja al descanso en un magnífico pase al hueco de Salva Sevilla tras el cual Jorge Molina desplazó suavemente el balón hacia Cobeño.

La segunda parte fue frenética y más acorde a lo que es el Betis de esta temporada. En un minuto cambió el partido por completo. Un instante en el que se aunaron tres de los defectos verdiblancos de esta temporada: mala suerte, pasividad defensiva y mala planificación. El primero de ellos apareció en un magnífico remate de Rubén Castro que se marchó al larguero, el segundo nació en las miradas de Juanfran y sus acompañantes ante la penetración de Jonathan Viera en el área cuyo disparo hizo palpable el tercero de los problemas latentes en el error de Sara al atajar el balón, lo que sirvió en bandeja el empate a Bueno, dejando en evidencia al guardameta argentino, confirmado síntoma del desastre de los fichajes.

En un minuto se escondieron todas las virtudes y aparecieron todos los defectos. El equipo se desorganizó y la ansiedad dominó las cabezas de todos los jugadores béticos, y la de su entrenador, un Pepe Mel, que ha perdido completamente el control de su equipo y que en apenas diez minutos realizó todos los cambios, retirando además a dos de los mejores hombres sobre el tapete como eran Vadillo y Salva Sevilla.

Los jugadores del Betis apenas eran capaces de enlazar dos pases y el Rayo se adueñó del encuentro entre el nerviosismo de la grada, bastante crispada con algunos hombres como Sara y la sombra Verdú. Sin embargo, se le apareció la virgen al catalán y al Betis, que aprovechó a ocho minutos del final un mal despeje de Cobeño para introducir el balón en la portería y llevar al éxtasis a la necesitada parroquia verdiblanca.

Pero propio de los equipos a la deriva, sin dirección que serene los impulsos del futbolista, el Betis no quiso conservar la ventaja, no cerró espacios y continúo atacando como si no hubiese mañana. Lo cierto es que Rubén Castro tuvo dos ocasiones clarísimas para cerrar el partido, pero la realidad pone a cada uno en su sitio, y el esperpento de la segunda parte no merecía premio, por lo que Bueno apareció a la espalda de Jordi Figueras, otra de las vergüenzas de la planificación, para certificar la debacle. Todo ello, entre el inmenso latifundio en que se había convertido el centro del campo bético.

Sin aliento se quedó el Villamarín, y sin excusas se ha quedado el conjunto bético tras un nuevo mazazo en el descuento. Ni la mala suerte, ni las lesiones, ni los malos fichajes pueden justificar los espantos que regularmente sufren sus aficionados. En este Betis todo es deficitario, y no hay ninguna causa que solape a los demás ni salve a los responsables de un hundimiento sin atisbo de solución.

Ficha técnica

Real Betis: Sara, Juanfran, Amaya, Jordi Figueras, Nacho, Lolo Reyes, Nono, Vadillo (Chuli 65’), Salva Sevilla (Juan Carlos 58’), Rubén Castro y Jorge Molina (Verdú 55’).

Rayo Vallecano: Cobeño, Tito, Galeano, Saúl, Nacho, Baena, Trashorras (Adrián 63’), Lass, Jonathan Viera, Iago Falqué (Bueno 22’) y Larrivey (Nery Castillo 69’).

Árbitro: Fernando Teixeira Vitienes, cántabro. Amonestó a los locales Salva Sevilla, Nono y Chuli; y a los visitantes Saúl, Baena, Larrivey y Jonathan Viera.

Goles: 1-0 (26’) Amaya; 1-1 (51’) Bueno; 2-1 (82’) Verdú; 2-2 (91’) Bueno.

Incidencias: Unos 33.000 espectadores se dieron cita en el Benito Villamarín.

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Sobre el autor

Miguel Arco

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