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Qué sucede ahí abajo

La naturaleza es sabia. Nuestro planeta es un reguero de vida, y cómo tal, siente y padece. En los últimos años, la huella del hombre lo ha dañado gravemente, y como defensa, el medio ambiente se rebela, dejando catástrofes como la de Haití. La tecnología sirve para detectar y prevenir consecuencias tan trágicas como las del país caribeño. Andalucía también participa con sus medios técnicos, y ha abierto este año un nuevo centro de análisis y observación de posibles movimientos sísmicos.

 

Sevilla Actualidad. El Observatorio Geofísico Submarino y Terrestre, situado en el entorno de la Isla de Alborán,  nace gracias a una iniciativa de la Sección Geofísica del Real Instituto y Observatorio de la Armada en San Fernando (ROA). Su despliegue ha dado lugar a la realización de diversos estudios de ruido, análisis e integración en los diversos sistemas de gestión de datos, “que sin duda están contribuyendo en la mejora de las determinaciones epicentrales de los terremotos registrados”, indica el jefe del Servicio de Sismología de ROA, Antonio Pazos.

Esta institución detectó la necesidad de disponer de una estación sísmica de banda ancha en las proximidades de los hipocentros marinos, en la zona de mayor actividad sísmica en España, que está comprendida entre el Sur de la Península y las costas del Norte de África. “La sismicidad en el sur de España se caracteriza por ser moderada y con profundidades de epicentros superficiales con regiones de sismicidad intermedia (entre 40 y 1,50 km de profundidad)”, señala el Capitán de Fragata Antonio Pazos.

Gran parte de los epicentros de los terremotos ocurridos por esa zona se localizan en el mar. Por ello, con el fin de mejorar la determinación hipocentral y disponer de datos de alta calidad en la región, el ROA, junto a otras instituciones, desplegó el Observatorio Geofísico de la Isla de Alborán. Se trata de un observatorio multiparamétrico, submarino y terrestre, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el Instituto Español de Oceanografía (IEO) y la propia Armada Española.

El proyecto está dirigido por el Capitán de Navío José Martín Dávila, jefe de la Sección de Geofísica del ROA. “Su finalidad es mejorar los modelos existentes en la región, desde los geodinámicos hasta los atmosféricos y de oleaje”, señala Antonio Pazos, responsable del despliegue del Observatorio. Desde su puesta en funcionamiento, los científicos reciben datos de forma continua y se observan registros de los diversos terremotos ocurridos desde entonces.

Actualmente se reciben datos GPS; meteorológicos (temperatura, presión, humedad, velocidad y dirección del viento, y lluvia); de velocidad y aceleración del suelo (sismógrafo y acelerómetro); y los procedentes de un sensor marino de presión diferencial (DPG son sus siglas).

Medios técnicos del observatorio

El despliegue del Observatorio ha supuesto la instalación de instrumental técnico, tanto en la parte terrestre como en la parte submarina. Así, en tierra (en el faro de la Isla de Alborán), hay una estación permanente GPS y una meteorológica. La estación GPS está integrada en la red geodinámica del ROA y “permite el cálculo de las velocidades relativas de convergencia entre las placas euroasiática y africana en el entorno del mar de Alborán, además de contribuir en redes GPS europeas y mundiales”, indica Antonio Pazos.

Por su parte, la estación meteorológica de Alborán “constituye un excelente emplazamiento de medida para las variables meteorológicas (temperatura, presión, velocidad y dirección del viento, humedad, lluvia) que ayudan a mejorar los modelos existentes para la zona y de esta forma proporcionar mejores predicciones”, añade el Capitán de Fragata.

En la parte submarina también se instalaron varios equipos. Uno de ellos es un sismómetro marino de tres componentes que, al medir el movimiento del suelo, es capaz de detectar la llegada de ondas sísmicas producidas por los terremotos, tanto los locales como los grandes terremotos de ámbito mundial. También existe un acelerómetro marino de tres componentes, que complementa al sismómetro en los casos de fuertes terremotos en la zona más próxima.

Otro de los instrumentos instalados es un sensor marino de presión diferencial (DPG son sus siglas en inglés), que mide las variaciones de presión y “tiene capacidad para poder detectar el paso de olas de Tsunami, caracterizadas por su gran velocidad de propagación y gran longitud de onda en alta mar”, indica Pazos.

Integrado en el sismómetro hay un magnetómetro fluxgate de una componente, que puede determinar la orientación exacta de sus componentes una vez instalado en el lecho marino.

Por último, un cable submarino con fibra óptica suministra “la corriente necesaria para el funcionamiento de toda la instrumentación y, sobre todo, proporciona un medio de comunicación con los instrumentos y el flujo de datos hasta los sistemas de adquisición emplazados en la isla. Desde allí se retransmiten vía intranet satélite, de la Armada hasta el ROA, para su procesado en tiempo real y difusión y su retransmisión a otros centros”, añade el Capitán de Fragata. Además, se dispone de 4 conexiones submarinas que permiten la ampliación del Observatorio con nuevo instrumental.

En el proceso de análisis y procesado de datos intervienen investigadores de diversas instituciones, entre ellas, del ROA, la UCM, el IEO, el GeoForshchumZentrum, Postdam (GFZ) de Alemania y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Además, estos datos también se integran en diversas redes europeas. “Entre ellas destaca la iniciativa del sistema Europeo de Alerta de Tsunamis (NEAMTWS: North East Atlantic and Mediterranean Tsuanmi Warning System)”, concluye Antonio Pazos.

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