Juan de Dios Ramírez Heredia: “Los gitanos seguimos en el último lugar en el ranking del desarrollo”

Lunes, 08 Abril 2013 17:25

Antonio Campos

Juan de Dios Ramírez Heredia dejó el 'sello' gitano en la Constitución del 78/SAJuan de Dios Ramírez Heredia dejó el 'sello' gitano en la Constitución del 78/SA

Aún faltaban algunos años para la Democracia en España. Un grupo “muy pomposamente llamado de ‘intelectuales’ gitanos”, recuerda nuestro entrevistado, decidió reunirse en Londres. Y, para ello, se puso en contacto con organizaciones que, de alguna manera, más se habían significado en la lucha por la defensa de los intereses del pueblo gitano.

Era un 8 de abril. De 1971. En Londres, gitanos de todo el mundo se reunían en el primer Congreso Mundial Roma/Gitano y sentaban las bases de los derechos de un pueblo, ya por entonces, muy numeroso.

Hoy, se trata de una comunidad constituida por 14 millones de personas. En Europa, constituye la minoría étnica más importante con más de 10 millones de personas. Y en su reconocimiento a nivel nacional, pero también internacional, mucho tiene que ver Juan de Dios Ramírez Heredia, el primer diputado gitano en el Congreso de los Diputados, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz y presidente de la Unión Romaní.

Sevilla Actualidad.- Tuvo la suerte de protagonizar aquel 8 de abril de 1971…

Juan de Dios Ramírez Heredia.- Yo trabajaba por aquel entonces en Cáritas diocesana de Barcelona, intentando montar en España lo que posteriormente ha sido el movimiento asociativo gitano. Cuando recibí la invitación, manifesté mi deseo de asistir, aunque muy descorazonadoramente, porque creía que lo que me iba a encontrar en Londres serían gitanos y gitanas acompañados de muchos payos, que serían los que de alguna manera velarían por los intereses de los gitanos. Mi gran sorpresa fue cuando al llegar, me encontré con que los representantes de los 25 países, todos, absolutamente todos, eran gitanos. Es más, hasta el cocinero que nos hizo la comida durante la semana que duró el congreso, era un gitano, cocinero del hotel, que pidió esa semana de permiso, quitándosela de sus vacaciones, porque quería estar con nosotros.

SA.- Se puede decir que fue su bautismo de fuego…

JRH.- Y lo fue para tantas y tantas cosas...

SA.- ¿Qué supuso el Congreso de Londres?

JRH.- Allí se tomaron acuerdos importantísimos. En el Congreso de Londres se estableció la bandera gitana y el himno gitano, el ‘Gelem Gelem’ que hoy cantan todos los gitanos del mundo. En él se acordó pedir a las Naciones Unidas que nos reconocieran como minoría cultural no gubernamental… A los ocho años, en Nueva York, firmamos el texto que consagra al pueblo gitano con la misma categoría con la que en aquellos entonces tenía la Organización para la Liberación de Palestina.

También se establecieron las normas para la estandarización de la lengua gitana del romanó como lengua universal de todos los gitanos del mundo. Podría seguir diciendo muchas más cosas de las que acontecieron allí. Ése es el origen del Día Internacional del Pueblo Gitano. 8 de abril. Fecha para nosotros mágica que, de alguna manera, viene a significar lo que representamos en el mundo como comunidad culturalmente unida y perfectamente diferenciada.

Un pueblo sin fronteras

"El azul de la bandera se debe al azul cielo de nuestro techo. El verde es el suelo, nuestro único campo por el que caminar. Y, en medio, una rueda roja, símbolo de un pueblo que no cree en las fronteras, que siempre suelen servir para diferenciar y separar a los seres humanos".

SA.- ¿Qué sentido tiene hoy la celebración del Día Internacional del Pueblo Gitano?

JRH.- Cumple dos cometidos. La celebración tiene por objeto recordar todo lo que se acordó en el Congreso de Londres y, al mismo tiempo, potenciar y trabajar para que se cumpla. Porque los objetivos se han ido cumpliendo paulatinamente. Pero sobre todo tiene una significación cultural, emotiva y tremendamente sentimental.

Precisamente, es algo que se pone de manifiesto en la denominada ceremonia del río. El 8 de abril, en todos los lugares donde hay un río, los gitanos se organizan y van a la orilla del río. Las mujeres gitanas llevan en sus delantales, en sus cestas o en simples bolsas, hojas de flores, pétalos, y los arrojan al agua del río en un símbolo de libertad, “de la misma manera que los pétalos flotando sobre las aguas atraviesan las fronteras cuando los ríos pasan de un país y nadie les dice nada, de esa manera los gitanos significamos que somos expresión palpable de una comunidad que ama la libertad y que sin la libertad, casi no tendríamos razón de ser”. Ése es el mensaje fundamental de las flores que las gitanas echan sobre las aguas.

Luego, los hombres, se acercan a la orilla del río y depositan sobre sus aguas velas flotantes encendidas en recuerdo de sus antepasados “y, especialmente, del más de medio millón de gitanos que fueron víctimas del odio y del horror nazi durante la II Guerra Mundial y que murieron en terribles hornos crematorios”, recuerda Juan de Dios Ramírez Heredia.

SA.- La jornada de hoy tiene un alto componente reivindicativo…

JRH.- No podemos olvidar que, hoy por hoy, al menos en nuestro país, los gitanos seguimos ocupando el último lugar en el ranking del desarrollo, en el uso y disfrute de los bienes que la sociedad en su conjunto produce. El mayor índice de paro se da entre nuestras familias. Todavía padecemos casi un 30% de analfabetismo. Ocupamos el último lugar, el racismo se ceba sobre nosotros.

SA.- Y dice que no sólo en España…

JRH.- En Grecia nos están matando. En Hungría, los partidos racistas y xenófobos llegan vestidos con uniformes nazis a los barrios en los que viven los gitanos. No hace demasiado tiempo hemos denunciado cómo nos están matando estos nazis asesinos, fascistas, con fusiles, escondidos detrás de los árboles, cercanos a las casas en las que viven los gitanos. Prendieron fuego no hace demasiados meses a una de estas casas y, cuando la familia salía despavorida, empezaron a jugar al tiro al plato, mataron al padre, a uno de los hijos… No es una anécdota. A las mujeres gitanas, en Chequia, se las mete en hospitales y se las esteriliza para que no nazcan más niños gitanos. Cuesta trabajo de creer, pero todo es absolutamente cierto y demostrable.

SA.- Por lo que me dice, no es desorbitado hablar aún hoy de racismo.

JRH.- Durante la época en que fui diputado en el Parlamento europeo -lo fue durante 13 años consecutivos-, mi principal adversario, con el que tenía verdaderas batallas dialécticas, por supuesto muy duras, era el representante de la extrema derecha francesa, Jean Marie Le Pen. El grupo de extrema derecha que presume, además, de ser racista integrado en el Parlamento europeo. Hasta 1999, estaba formado por 25 diputados. Hoy, el grupo de extrema derecha abierta y radicalmente racista que hay en el Parlamento europeo está formado por 57 diputados. Gente que presume de esa concepción racista inhumana de la vida. Sin duda, el racismo es una realidad presente en Europa y no es menos cierto que en los momentos de recesión económica, cuando la gente lo pasa peor, los racistas encuentran el mejor caldo de cultivo para defender sus negras ideas.

“La soga siempre se rompe por la parte más endeble”

SA.- ¿Cómo vive hoy la comunidad gitana en España?

JRH.- La población de gitanos españoles está calculada en unas 700.000 personas, de las cuales la mitad vive en nuestra tierra, en Andalucía. Aproximadamente unos 350.000. El resto vive repartido por todo el territorio nacional. Saber cómo viven los gitanos españoles es muy fácil para nosotros los andaluces, porque simplemente tenemos que echar un vistazo alrededor.

SA.- ¿Se puede hablar de clases sociales dentro del pueblo gitano?

JRH.- Por supuesto. En nuestra comunidad se dan las típicas divisiones sociales que se producen en el mundo de los payos. Hay un segmento de población gitana que vive bien, que no tiene mayores problemas, que manda a sus hijos al colegio y está perfectamente integrado en la sociedad. Queda luego un grupo muy numeroso de gitanos para los cuales ni siquiera la cobertura de las necesidades mínimas está asegurada. Como en toda gran comunidad, y Andalucía es muy grande, existen grupos marginados que viven en chabolas, en lugares realmente inhumanos donde falta de todo. Pero eso nos ocurre no tanto por ser gitanos como por ocupar en la sociedad el último escalafón en el desarrollo del progreso de la utilización de los bienes de consumo. Cuando un pueblo padece un analfabetismo tan enorme como el que tenemos, no es extraño que falten otras muchas cosas.

SA.- ¿Y por dónde hay que empezar para cambiar esta situación?

JRH.- Si tuviera una varita mágica y con ella pudiera resolver de una vez por todas uno de los más graves problemas de mi comunidad, no tenga la menor duda de que resolvería el problema de la educación, porque solo la educación y la cultura hacen libres a los pueblos y ponen en nuestras manos las posibilidades de poder ser administradores de nuestra propia libertad.

SA.- ¿Quién pone las barreras al pueblo gitano?

JHR.- Sería muy fácil decir que la culpa la tienen los payos, pero no es verdad. Ni siquiera me gusta utilizar el término de culpa. Las responsabilidades están muy compartidas, aunque indudablemente la soga siempre se rompe por lo más endeble. Y lo más endeble somos nosotros. En el fondo, la base del éxito está en la educación. La educación es la que realmente pone en nuestras manos las posibilidades de salir adelante y de ocupar en la vida el lugar que en justicia nos pueda corresponder.

SA.- ¿Caminamos hacia la inclusión del pueblo gitano?

JRH.- Sí, y además estamos caminando con paso firme. La esperanza está en que en estos momentos son ya varios centenares, no muchos, pero varios centenares de jóvenes gitanos los que están en la Universidad.

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