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Bombilla led / SA
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El 69,7% de los hogares andaluces ya utiliza bombillas LED

El Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA) publica una ampliación de resultados de la Encuesta Social 2018. Medio Ambiente y Hogares en Andalucía, cuyos trabajos de campo se realizaron entre mayo y julio de 2019. Mediante la realización de más de 3.000 encuestas a hogares en Andalucía, se puede observar la evolución de los hábitos y actitudes de los hogares andaluces en relación con el medioambiente, a partir de la edición anterior de la encuesta de 2008.

En los datos avance que se publicaron en septiembre de 2019 se podían observar transformaciones claras en la última década en las percepciones y prácticas de la población. La ampliación de datos permite profundizar en la gestión medioambiental de los hogares comprendiendo con más detalle los elementos y factores que inciden en actitudes y prácticas más proambientales. Para ello, como apoyo a los datos de la encuesta, se ha utilizado información procedente de registros administrativos e información auxiliar, del Catastro y de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, que permite presentar los diferentes comportamientos y actitudes atendiendo a características de la vivienda y el entorno.

¿Son proambientales las prácticas en los hogares andaluces? La convivencia de distintos comportamientos y actitudes

El reto de las sociedades actuales es hacer sostenible el crecimiento económico con los recursos naturales, sin embargo, la propia complejidad del reto medioambiental reside en que el crecimiento supone a la vez un uso más intensivo de recursos y energía, y por tanto, la convivencia de actitudes y prácticas proambientales con otras que pueden generar un impacto negativo.

Esto se observa, por ejemplo, en comportamientos relacionados con el ahorro de agua en los hogares andaluces que registran un cambio en sentido positivo en la última década. Los datos de 2018 muestran altos porcentajes de hogares en los que se han incorporado hábitos como tener una botella fría en la nevera para no dejar correr el agua (78,8%), esperar a que estén llenos lavavajillas y lavadora (92,6%) o tener en el cuarto de baño papeleras para no utilizar el inodoro como cubo de basura (85,9%). Los hogares que no incorporan hábitos en este sentido son minoritarios.

Sin embargo, se detectan otras prácticas que en principio inciden en un consumo menos sostenible. Por ejemplo, el 49,3% de los andaluces consume agua embotellada. El comportamiento por provincias en este consumo es muy dispar, siendo las provincias litorales de Almería y Málaga, las provincias con un mayor consumo (72,5% y 66,9%, respectivamente). Sevilla es la provincia con un menor consumo de este tipo de agua (31,6%). Diferencias importantes que, sin embargo, no se aprecian en la media de consumo de agua embotellada: en Andalucía es de 3,2 litros al día, sin gran variación entre las provincias.

También en el uso y los equipamientos eléctricos se observa esta ambivalencia. Los equipamientos han crecido en equipamientos básicos, lo que supone también un mayor consumo energético, especialmente en el consumo eléctrico. El 85,4% de los hogares andaluces dispone de algún tipo de calefacción, 42,3 puntos porcentuales más que en 2008. El tipo de calefacción más utilizado es el de calefacción eléctrica 76,2%, fundamentalmente por radiadores y acumuladores eléctricos, seguido en importancia de las bombas de calor (56,8%).

Igualmente crece la disponibilidad de aire acondicionado: el 68,8% de los hogares dispone de algún aparato, 11,4 puntos más que en 2008. Y este crecimiento viene acompañado de mejores prácticas en el uso: la temperatura media durante el día es de 23,2 grados, medio grado más alto que 10 años antes, si bien todavía no se sitúa en los 25 grados, que es la temperatura recomendada en verano por la Agencia Andaluza de la Energía.

Lógicamente, en la disponibilidad de calefacción y aire acondicionado influye la ubicación geógrafica de los hogares. Analizando por provincias se observa como predomina una u otra en el territorio andaluz.

También en relación a la temperatura de los hogares, se observa que los hogares han incorporado equipamientos de aislamiento térmico. Si bien las diferencias en la ecoficiencia de los hogares no solo depende de la voluntad de los ciudadanos, e influyen factores tales como su condición económica. Hay equipamientos básicos como las persianas que son comunes en todo tipo de hogares, pero otras instalaciones, más sofisticadas y caras, se concentran en los hogares con más ingresos.

En los sistemas de iluminación, los hogares andaluces han optado por sistemas más eficientes en términos energéticos, siendo el más utilizado en 2018 las bombillas de bajo consumo (77,9%), 12,1 puntos más que en 2008, y las bombillas LED (69,7%), cuyo uso no existía hace una década.

Otro indicador de esta tendencia, es que la mayor parte de la población ya tiene electrodomésticos con una calificación energética A, A+ o A++. En el caso de los frigroríficos se sitúa en el 53,8%, para las lavadoras en el 55,3% y en los lavavajillas es del 53,6%. En esta evolución hacia la ecoficiencia en los hogares influye la capacidad económica que los hogares tienen para poder llevar a cabo esta renovación. Por ejemplo, los hogares con menos ingresos tienen con más frecuencia electrodomésticos más antiguos y por tanto menos adaptados a esto nuevos estándares ambientales.

En el ámbito de la gestión de residuos también se observa la convivencia de una evolución en los comportamientos y un claro margen de mejora en distintos aspectos. El porcentaje de hogares andaluces que reciclan plástico, vidrio y papel ha aumentado en torno a 20 puntos porcentuales en cada uno de estos residuos en la última década.

Esto también se observa cuando se trata de gestionar otro tipo residuos. Por ejemplo, el 75,2% de la población afirma que deposita los medicamentos en puntos específicos de recogida y asciende al 83,7% en el caso de pilas y pequeñas baterías. Los porcentajes son menores para otros residuos como los aceites de cocina (63,8%) o teléfonos móviles (40,1%).

¿Hay relación entre los tipos de viviendas y los comportamientos medioambientales?

La información que proviene del Catastro permite reducir la carga de respuesta de los encuestados y complementar los datos recogidos atendiendo a variables relacionadas con las características de las viviendas. Por ejemplo, respecto al año de construcción de la vivienda, se observan diferencias dependiendo del grado de urbanización. En las zonas rurales el porcentaje de viviendas construidas antes de la década de los 70 es del 36,3%, en las ciudades es del 20,5% y en las zonas de densidad intermedia, donde el crecimiento urbano corresponde a décadas más recientes, desciende al 17,6%.

Estas variaciones son importantes porque influyen claramente en las posibilidades de adaptación a pautas ecoficientes en ámbitos como el energético. Así, se observa que en más del 70% de las viviendas que se construyeron antes de la década de los 70, se mantiene el uso de gases licuados del petróleo como el butano. Por el contrario, los porcentajes se ubican por debajo del 47,4% cuando se trata de viviendas construidas a partir del año 2001.

En sentido inverso ocurre con la energía solar. La instalación de infraestructuras que permiten el aprovechamiento del sol como fuente de energía empieza a hacerse más visible en las viviendas construidas a partir de la década de los 80, y se mantiene en valores por debajo del 10% en las viviendas construidas hasta el año 2000. Entre las viviendas construidas en la primera década del siglo hay un repunte (el 11,6% de viviendas construidas entre los años 2001 y 2010 utilizan este tipo de energía) y despega definitivamente en la última década: el 41,7% de las viviendas construidas entre los años 2011 y 2019 utilizan energía solar, casi alcanzado el porcentaje de viviendas que utilizan combustibles derivados del petroleo.

También los datos del Catastro permiten conocer con más profundidad características de las viviendas de Andalucía que están relacionadas con el consumo de recursos naturales. Por ejemplo, el 9,6% de las viviendas de Andalucía cuenta con piscina y el 58,6% con patio o jardín, teniendo presente que en ambos casos se pueden corresponder a propiedades individuales o colectivas.

¿Cómo ha evolucionado la conciencia medioambiental en Andalucía?

Además de en las prácticas medioambientales como el reciclaje o las medidas para reducir el consumo de agua, también se percibe una evolución en la concienciación medioambiental de la población de Andalucía a través de otros comportamientos tales como la participación activa en acciones a favor del medioambiente y algunos factores que se tienen presentes a la hora de consumir.

En la participación se percibe un aumento claro en la última década en acciones como firmar en contra de situaciones que afectan al medioambiente o en la participación en voluntariados y manifestaciones. Por el contrario, la colaboración económica con organizaciones que centran su actividad en preservar el medioambiente apenas ha cambiado.

También los datos del Catastro permiten conocer con más profundidad características de las viviendas de Andalucía que están relacionadas con el consumo de recursos naturales. Por ejemplo, el 9,6% de las viviendas de Andalucía cuenta con piscina y el 58,6% con patio o jardín, teniendo presente que en ambos casos se pueden corresponder a propiedades individuales o colectivas.

Estas pautas son transversales en toda la población, si bien las características sociodemográficas permiten comprender en qué sectores se localizan principalmente este tipo de actitudes y comportamientos. Por ejemplo, mientras el porcentaje general de personas que firman en contra de acciones o situaciones perjudiciales para el medio ambiente es del 32,7%, aumenta hasta el 45% entre las personas con estudios universitarios.

Con la misma tendencia que la participación encontramos algunas actitudes respecto del consumo. Se observa un aumento de la importancia que se otorga a factores como la eficiencia energética, la etiqueta ecológica o la proximidad de producción.

Otra forma interesante de observar los cambios de modelo de consumo de la población que reside en Andalucía es analizar las pautas de uso de los vehículos de motor. Actualmente, del total de viviendas que tienen como principal modo de desplazamiento un vehículo a motor, el 98,1% utilizan un combustible fósil, de los cuales la mayoría son diésel (61,8%). Un 1,9% tiene vehículos híbridos o eléctricos y un 27,6% se ha planteado comprar un vehículo de este tipo en el futuro, este porcentaje aumenta hasta el 35,4% en los hogares con mayores ingresos (más de 3.000 euros netos al mes).

Respecto de la edad del parque automovilístico, el 44,9% de la población tiene un vehículo principal a motor con más de 10 años, si bien esta cifra se reduce hasta el 29,7% entre los hogares de mayores ingresos.

¿Cómo influye el acceso a infraestructuras en las acciones de la ciudadanía?

La gestión de los residuos no solo tiene que ver con la voluntad de los miembros de los hogares, las infraestructuras disponibles capacitan o dificultan estos comportamientos. En este sentido, la combinación de datos de la encuesta con información complementaria permite obtener información interesante como, por ejemplo, la relativa a los puntos limpios: la encuesta nos proporciona los datos de personas que usan estos puntos y los datos sobre localización de puntos limpios que provienen de la Consejería de Agricultura, Ganaderia, Pesca y Desarrollo Sostenible permiten conocer la distancia de cada vivienda a uno de estos puntos.

En Andalucía, el 9,7% de las viviendas tiene el punto limpio más cercano a 1 km o menos, el 26,6% lo tiene a una distancia entre 1 km y 2 km, y el 63,7% lo tiene a más de 2 km. Estas distancias varían según el grado de urbanización del territorio. Por ejemplo, en las ciudades el porcentaje de viviendas que están a más de 2 km de un punto limpio es el 64,6%, el 56,4% en las zonas de densidad intermedia, mientras que en el ámbito rural aumenta hasta el 82,7%.

Esta distancia influye en el uso, si bien no es el único factor. En las ciudades y en las zonas rurales los porcentajes de viviendas que usan puntos limpios son similares (68,5% y 68,6%, respectivamente) y aumentan sensiblemente en las zonas intermedias (75,2%). Lo que se evidencia dentro de cada ámbito es que la distancia si explica el uso: a mayor distancia, menor uso de los puntos limpios. En el siguiente gráfico se observa cuando se comparan las ciudades con las zonas de densidad intermedia.

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