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Rafael Portillo / F. Amador
Alcalá de Guadaíra

Rafael Portillo: «Los libros de historia no se ocupan del día a día de los pueblos»

El pasado mes de mayo se presentó en la redacción de La Voz de Alcalá el nuevo libro del escritor Rafael Portillo, ‘Alcalá, en torno a 1950. Memorias de un niño de la época’. Próximamente, el jueves 20 de junio, se realizará una nueva presentación en la librería Término de Alcalá de Guadaíra. Tenemos la oportunidad de entrevistarle y conocer algunos detalles de su obra sobre la historia alcalareña.

La nevada del 3 de febrero de 1954 es el punto de partida de Alcalá, en torno a 1950. Memorias de un niño de la época, un libro que recopila los artículos que el catedrático alcalareño Rafael Portillo García ha publicado en La Voz de Alcalá desde 2004 hasta 2018. Rafael, un niño de la calle La Mina, era el menor de tres hermanos. Con una memoria prodigiosa, fue fijando recuerdos y empapándose de sensaciones desde su niñez. Décadas más tarde han aflorado en forma de textos como «manifestaciones de vida». Se presentará en la redacción de La Voz el 3 de mayo a las 20:00 horas. 

–¿Cómo recuerda la nevada?

–Fue una gran fiesta en Alcalá. Los almacenes de aceitunas dieron tiempo libre a las trabajadoras para que salieran a disfrutar de la nieve. En los colegios los profesores dieron vacaciones y salieron al patio a jugar. Mi hermano estudiaba en los Salesianos y se echaron a pelear con los curas y los profesores con bolas de nieve. Fue tremenda, dejó Alcalá intransitable.

–¿Los mayores conocieron alguna nevada anterior?

–Los abuelos recordaban una de antes de la República, en los años 20, y los más viejos recordaban otra a principios del siglo XX.

–¿Cómo recuerda su infancia en Alcalá?

–Era un pueblo grande, más prospero que los de su alrededor. También trabajaban los mujeres. Había mucha industria, talleres y movimiento económico. Pero a pesar de estar cerca de Sevilla, mantenía cierta personalidad.
–¿Mantiene ese personalidad?

–La ha perdido por completo. Alcalá se ha quedado demasiado cerca de Sevilla. En aquella época no había coches, entonces 15 kilómetros era lejos. Ha perdido la personalidad como pueblo.

–¿Dónde solía jugar?

–Los niños jugábamos sobre todo en los pinares de la carretera de Utrera. En invierno teníamos allí un paraíso. En verano íbamos al Águila o al parque Oromana.

–¿Echa de menos aquel pueblo? Nos conocíamos todos. Ibas por la calle y todo el mundo te saludaba. Hoy es imposible. Además era un pueblo muy seguro, aunque la gente era mucho más pobre.

–¿Recuerda la primera vez que saliste de Alcalá?

–Sí, con siete años y medio fui a Chipiona y conocí el mar. Fue una impresión tremenda. A principios de los años 50 no veraneaba nadie. Aquel año mis padres, junto a mis tíos, se liaron la manta a la cabeza.

–Desde muy joven viajó.

–Por alguna razón, yo quería conocer otras cosas e irme fuera de Sevilla. Me fui a Salamanca y mis profesores se empeñaron en que saliera todavía más. Primero me fui al sur de Inglaterra con un contrato a fregar platos y luego a Londres con una beca del Ministerio como profesor de español en dos escuelas.

–No volvió a residir en Alcalá ¿Qué siente cuando regresa?

–Siempre siento emoción. He sido muy feliz en Alcalá. Mis recuerdos son de felicidad. Siempre he vuelto de visita, tenía a mis padres y a mis suegros. Ahora a mis cuñados y sobrinos. Soy nostálgico porque son recuerdos de cuando tenía seis o siete años, y ya no voy a volver a esa etapa que es la más bonita con toda la vida por delante. Ahora tengo la vida por detrás. Eso es triste.

–En la introducción del libro, dice que la Alcalá de su infancia se le antoja como una mezcla de olores, sabores y sonidos, ¿A qué olía, sabía y sonaba Alcalá?

–Alcalá olía y sabía a pan recién hecho. Luego me enteré por Tahía, mi mujer, que es catedrática de genética, que el pan no huele, que lo que huele es la levadura. En La Plata había ocho panaderías y en la calle Mairena 28. También había en las calles Gandul, Marea, Salvadores, La Mina, Herrero, en la plaza de El Duque… en todo el Centro. Se hacía pan cuatro veces al día.

Recuerdo el sonido de los talleres grandes, donde se hacían bocoyes artesanales de madera para las aceitunas, las carpinterías del Centro y los pregoneros. En Alcalá, en la plaza pregonaban los productos y también en la calle. Había mucha venta ambulante.

–¿Cómo ha cambiado el Centro?

–El Centro está muerto. En aquella época estaba vivísimo. La Mina era la calle más viva de todas. Teníamos la plaza de las verduras, la de la carne y la del pescado. Eran de nueva creación, las construyó el alcalde Pedro Gutiérrez en plena dictadura de Primo de Rivera.

–La vida era dura, pero también se divertían y tenían fiestas.

–Las fiestas claves eran la Feria de agosto y la preferia. Entonces era en honor a la Virgen del Águila, coincidía con la novena y todos los días había «cacharritos». Recuerdo de manera entrañable los caballitos de Rafael, que costaban una gorda. Eran tan antiguos que no funcionaban y los tenían que empujar.

También la Semana Santa, que sólo duraba Jueves Santo y Viernes Santo. Luego teníamos las Pascuas, que consistían en ir a la Misa del Gallo; el día 25 una cena un poco más especial; y un par de mantecados y un par de copitas de aguardiente de Baltanás. En Reyes no había cabalgata, hasta el año 59 que salió por primera vez.
Quitando esto, la gran diversión de Alcalá era el cine. Era barato y asequible para todas las familias, hasta las más humildes, aunque las películas eran antiguas. Había dos cines de inverno y tres de verano.

–¿Se vivía bien en aquella época?

No hay tiempos mejores ni peores, sino distintos. No puedo decir que en aquella época viviéramos bien, porque no es verdad. A pesar de la dictadura, los niños eramos felices. ¿Qué nos importaba? Si un niño tiene una piedra y un río para tirarla, qué más quiere. Y en Alcalá teníamos muchas piedras y río.

–¿Qué se encontrará el lector ?

–Si tiene más de 65 años, va a reconocer su infancia ahí. Si tiene más de 50 años, puede pensar lo mucho que ha cambiado Alcalá. Y quién sea menor de 40 años, pero tenga interés por el pasado, puede sorprenderse de cómo era la vida. Los libros de historia no se ocupan del día a día de los pueblos. Se ocupan de generalidades.

–¿Cómo llegan sus artículos a La Voz de Alcalá?

–Los artículos iban apareciendo cuando tenía tiempo libre, sobre todo desde que me jubilé. Fui pensando de qué cosas podría yo hablar del pasado de Alcalá que hoy ya han desaparecido. Un buen día pensé que ya no tenía más nada que decir y que era el momento de encuadernarlo y dejarlo como legado a quien quiera recordarlo.
Yo siempre he tenido amistad con Enrique Sánchez, director de La Voz. Él es muy amigo de mis hermanos Antonio, el mayor, y de Juan, que en paz descanse. También pertenecí al equipo Corresponsal Guadaíra que colaboraba en El Correo de Andalucía. Mandábamos artículos proges que la mitad de las veces nos los censuraban. Eso fue derivando a otras publicaciones, y siempre he estado familiarizado con La Voz. Al fallecer mi hermano Juan yo continué siendo socio por él.

–¿Qué lazos mantiene con Alcalá?

–Principalmente familiares. Más allá de eso, soy hermano de la Virgen del Águila. Mi padre me apuntó el día que nací y no me he querido borrar nunca. Procuro venir en la Novena. Cuando vuelvo a Alcalá siempre intento subir.
–Desde la perspectiva que le da el vivir fuera de la ciudad, ¿Cómo ve el futuro?
–Me preocupa mucho el paro. No hay prosperidad económica y me apena mucho. Alcalá ha perdido comba. No sé de quién es la culpa, si de la iniciativa privada, que es la que produce riqueza o de los políticos que tampoco se han preocupado. Tanto la iniciativa privada como la pública han fracasado.

–Llega como profesor a la Universidad de Sevilla en 1978, año en el que se aprobó la Constitución. ¿Cómo era la Universidad de entonces? ¿Ha cambiado mucho?

–Estaba en Edimburgo y vine porque había una vacante en Sevilla. No me dio tiempo a votar la Constitución. Ha habido grandes cambios. Antes, la universidad estaba muy implicada en la política y ahora esta muy burocratizada. Se deja muy poco margen al profesor. Creo que la universidad que había entonces era más vocacional. El estudiante estaba porque quería y hoy está porque no hay otra opción.  En Alemania o Suiza es fundamental la formación profesional. En España parece que no. Primero se desmontaron las universidades laborales, por aquello de que las había hecho Franco, y luego se desmontaron las escuelas de formación profesional, que también olían a franquismo, y no se han sustituido por nada útil.

–Vivió algunos años en Edimburgo, cuando España todavía sufría la dictadura franquista. ¿Cómo se percibía desde fuera?

–Cuando muere Franco yo estaba allí. Conocí a personas que habían tenido problemas con la dictadura. Estaban muy expectantes y contentísimas. Desde fuera se veía que España estaba cambiando muy rápidamente.

–¿Y los británicos?

–Acogieron muy bien la muerte de Franco. No se acababan de creer que España iba a tener una democracia. Quizás por ese complejo de superioridad que han tenido los británicos respecto a todo el mundo.

–¿Cómo vivió la libertad que le ofrecía Edimburgo?

–Llegué con 20 años. Tenía el ansia de leer y ver los libros y las películas prohibidas en España. Me compré el Libro Rojo de Mao.

–¿Qué opina del Brexit?

–Va a ser una tragedia para ellos, pero sobre todo para nosotros. Los españoles, sobre todo los del sur, tenemos más lazos con el Reino Unido que con otros países. Vienen de vacaciones, se jubilan aquí, consumen nuestros productos… Felipe González hablaba de la unión política de Europa. España se metió en el carro del progreso y eso se lo debemos a él. Yo estoy orgulloso de ser europeo.

–¿Va a seguir escribiendo artículos sobre Alcalá?

–Quizás ya no pueda. Para escribir de Alcalá hay que estar aquí. No se puede venir de visita, hay que estar y trabajar aquí. Yo siempre he dicho que el turismo no nos enseña casi nada. Donde se aprende cultura de verdad es viviendo y trabajando codo con codo con la gente.

–¿Te sientes turista en Alcalá?

–Turista no, pero sí soy un visitante. Me da pena, pero es así. Alcalá la llevo yo en mi corazón.

Sobre el autor

Francisco Amador

Francisco Amador

Licenciado en Periodismo. Actualmente en Sevilla Actualidad y La Voz de Alcalá. Antes en Localia TV y El Correo de Andalucía.

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