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Un recorrido por las verdes zonas de Casamance
África de cerca

Un paseo por las carreteras de la verde región senegalesa de Casamance

Realicemos un recorrido por Casamance, la región más tropical de Senegal y cuna de la cultura Diola. Una crónica cercana que nos traslada hasta las entrañas de Senegal, mostrando sus medios de transporte, paisajes y sus gentes, el alma más profunda de las diversas poblaciones y regiones del país.

Abdou Diao/RedComÁfrica. Esta mañana hace falta recorrer una gran distancia a pie para llegar a la estación de transportes terrestres, donde los taxis eligen su destino según el estado de la carretera.

En el trayecto se pasa junto a las zonas inundadas durante la estación de lluvias. No hay otra opción que ir a pie. Los viajeros esperan en la estación de viejos coches que salen hacia Ziguinchor, mientras que los precios han aumentado vertiginosamente con la subida del barril petróleo como única explicación.

Piden seis euros para ir a Ziguinchor, el mismo precio que para los que van a Bignona, que se encuentra a 40 kilómetros antes que la primera ciudad. La regla en la estación es regatear el precio del equipaje; incluso por una bolsa pequeña de reportero, los cazadores de clientes reclaman 1,50 euros. Por eso, hacen falta destreza y  paciencia para conseguir disminuir los precios.

A las 7:30 horas se produce la salida para Bignona. Por encima del asfalto recién construido, el camino alternativo se ha convertido en un motivo de orgullo para las poblaciones de Pakao, una medalla para los liberales y otros trashumantes ensalzadores del régimen. Nada de especial en este camino, salvo los campesinos que aprovechan el frescor matinal para ir a los campos de arroz.

El conductor no para de quejarse de la presencia de burros que dificultan la circulación en la entrada de los pueblos y a la salida, donde hará falta maniobrar para proteger el motor.

El rocío cubre las hierbas salvajes que rodean la vía. Los pueblos retoman una nueva salida gracias a la ejecución de este eje y de las nuevas infraestructuras como la guardería estatal de Woudoucar, el nuevo puesto de Salud, el nuevo colegio de Dianah Malary…

Un oponente de Kolda dice que todas las infraestructuras de los liberales se han puesto al borde de los grandes ejes de las carreteras para que se vean, y en este caso es difícil no acordarse de esta observación.

A partir del cruce Diaroumé, un tema de conversación es sacado por uno de los pasajeros: por qué los encargados del transporte no llegan a renovar el parque automovilístico y cómo se hacen las inspecciones técnicas que permiten que vehículos de más de 30 años transporten viajeros.

Cada uno expresa su posicionamiento, pero el viejo conductor no puede resistirse a contar su verdad. Los nuevos ricos han impuesto a cada uno encontrar un vehículo nuevo, prohibiendo la importación de vehículos de más de cinco años, obligando a los transportistas a arreglar los viejos motores.

Muchos se ven obligados a ir a Gambia para comprar material para ir a Kaolak y cambiar el número de matrícula. El conductor nos dice que el camino terminará pronto. Es en este momento que nuestro taxi llega a Bignona para coger allí otro y devorar los 70 kilómetros hasta alcanzar la frontera con Gambia. Ahora hay que pagar tres euros más para ir a Silety por una carretera aceptable por el momento.

El paisaje es distinto al del Fouladou, la vegetación es más tupida con muchos vergeles alrededor de las edificaciones que caracterizan la zona Diola. Pueblos desde los más conocidos a los más anónimos van pasando: Tendiéme, con sus gruesas ceibas; Tendouck,  con sus construcciones de ladrillo rojo.

Un olor a vegetación de la naturaleza exuberante difumina la del gasóleo que desprende nuestro taxi. Ganado sin rumbo fijo atraviesa el camino cada cierto tiempo. Caparan, otro pueblo donde los camiones cargan mangos bajo el ojo discreto de los soldados de los Puntos de Registro que jalonan el eje; una presencia continua, pero ligera, ya que los pasajeros no son registrados.

En este pueblo también hay un amplio campo de fútbol rodeado por un bosque lleno de lianas y otras plantas colgantes. Los frutos de las lianas se venden en racimos al borde de la carretera junto a los mangos. Aquí los vergeles están aún intactos, muchos de los mangos aún no han sido recolectados.

Baila, otro pueblo célebre con su puesto militar, su valle y sus palmeras, niños que se bañan tranquilamente en una charca de aguas de las abundantes lluvias del momento. Bélaye, Djinaky… la naturaleza ofrece senderos que muestran la potencia forestal de esta parte del país, que escapan, por el momento, de la mano destructiva del hombre.

Mahmoudam, Darou, Khairy son pueblos de jefes árabes acomodados en la zona, donde mujeres con velo venden azúcar y otros productos junto a la carretera. Diouloulou ya con los  postes que anuncian los esfuerzos realizados en el campo de la comunicación en la zona.Con una radio comunitaria que cubre la Fogny y participa en la consolidación de la paz en la zona.

Una gruesa placa anuncia la presencia de un centro de fabricación de miel en este pueblo a 11 kilómetros de Silety. Hace falta pasar por la policía de frontera antes de atravesar hacia Diboko, primer puesto gambiano, y la misma formalidad antes de tambalearse hacia Banjul. Ningún  otro control en el camino hasta el final del recorrido.

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